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Motivados por una
desafortunada nota que salió en una revista montevideana, un grupo de pescadores
deportivos (alguno de los cuales solo nos conocíamos vía correo electrónico),
decidimos ir a pescar las primeras taruchas de la temporada el domingo 21 de
setiembre.
Todo comenzó cuando muy
molestos por esa nota en la cual se califica a los pescadores con mosca como
“pesca poco”, se nos despertó ese “indio” que llevamos todos adentro.
“Amigo, no despiertes al
indio. Sobre todo si ese indio es Charrúa. Eso, puede ser letal.”
Correo va correo viene, la
salida comenzó a tomar forma. El lugar elegido fue la estancia turística El
Mayoral en el departamento de Rocha.
Fernando “Sumo” Vicente se
encargó de organizar todo allá.
Aquí en Montevideo nos
organizamos de modo tal que no quedara nadie fuera por falta de locomoción.
Nada podía fallar. ¡¡ Nos
encontraríamos por primera vez !! Todo estaba debidamente planeado.
Nadie diría que somos
gente grande. Parecemos chiquilines.
Nos ponemos a preparar los
petates tal cual el primer campamento de nuestra vida.
Se ata alguna mosca más
(seguro que no usaremos mas de dos o tres), re-revisamos el equipo.
Nuestras esposas nos
preguntan si pusimos suficiente abrigo. Si llevamos algo para comer en el
camino. “No te olvides de la gorra, ¿¿eeeh??”
Y al final salimos. Yo
llevaba a Daniel Rolfo y a Fernando Pérez. Juan Scalise y su hijo tuvieron que
desertar por problemas de salud del padre de Juan.
En el otro vehículo iban
los Bernarducci padre e hijo, Mariano Verde, Nelson Folch y Esteban Raineri.
Ellos se habían juntado el día anterior en la casa de playa que tienen los
Bernarducci en el balneario El Fortín.
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Me imagino que ese día ya
comenzaron a pescar mientras cenaban. Se habrán dormido como todos nosotros con
la ilusión del día que nos esperaba.
Nosotros ya habíamos
pasado Aiguá cuando suena mi celular y escucho del otro lado a Mariano que nos
daba la mala noticia de que se les había roto la camioneta y les sería imposible
llegar. La suerte estaba echada y ese grupo tuvo que volverse a Montevideo con
la frustración encima.
Cuando arribamos, yo que
era la primera vez que iba a ese lugar, quedé asombrado. La familia Arrarte nos
estaba esperando con todo pronto. La señora Ladis se encargó de mostrarnos la
casa, todo estaba impecablemente presentado. Los dormitorios, los baños, el
estar, el living y la gran cocina comedor que ofició de centro de operaciones.
Se nos unió parte de la
barra de Rocha y mientras tomábamos unos mates y comíamos unos ricos bizcochos
que trajeron Sumo y Gustavo Figueredo, decidimos no esperar más e irnos a
pescar. Gino y Fausto de León llegarían más tarde.
Para ir al lago elegido
caminamos unas tres o cuatro cuadras. Atravesamos un alambrado y marchamos por
una pradera de tréboles increíblemente verde.
Eran las 10:30 cuando
comenzamos a hacer los primeros lances. “A las 11 sale la primera” - sentenció
Sumo. “Hay que tirar del centro hacia el borde. Allí están” nos indicaba.
Lo que él decía no sólo
tenía lógica - ya que en la orilla había no más de treinta centímetros de
profundidad y la temperatura del agua era más elevada -, sino que lo pudimos
comprobar al ingresar al lago. Las tarariras salían disparando entre nuestras
piernas a pesar que tratamos de hacer el menor alboroto posible.
Yo pincho la primera y se
me suelta. ¡¡¡ Clávala bien!!! gritaba Sumo.
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Gustavo Figueredo, que era
el único haciendo spinning, clava varias más y también se le sueltan. ¡¡ Ah,
pero sos una teta Gustavo. Clávala bien !! seguía gritando Sumo.
Y así varios casos,
incluido el gritón.
Estábamos tan atentos a
que uno de esos peces tomara nuestro engaño que de repente escuchamos un
gran chapoteo a nuestras espaldas. Todos pensamos que era el abuelo de las
tarariras.
El abuelo resultó ser
Fernando Pérez, que en el entusiasmo que traía fue a dar a una canaleta algo más
profunda y “marchó a pique”. Mojado y todo el tipo no quiso aflojar y luego de
sacarse la ropa más gruesa siguió tras su preciado trofeo. |

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Un poco pasadas las
once Sumo saca la primera de la temporada. Una hermosa tararira de unos dos
kilos que brindó una linda lucha. Yo me encargué de registrar el momento con
varias fotos extasiado al ver los saltos y la vitalidad del vigoroso pez.
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Cerca del mediodía se nos
unieron Gino y su hermano Fausto.
A las doce un grupo se
quedó en esa laguna y el resto nos fuimos a probar a la otra. En esa última no
nos fue tan bien. Sólo picó una que prendió Gustavo con un “Sputter” de Barajuan.
Lo
sorprendente era la lucha que brindaban las tarariras que salieron en las dos
lagunas. La cámara de Sumo no dejó que se escapara ningún detalle.
Esos momentos deben quedar
registrados para poder compartir y presumir con los amigos.
En esa
primera mitad de la jornada las moscas que mejor “caminaron” fueron los poppers
aunque también probamos sliders y divers. |
Incluso yo intenté con una
Doble Bunny blanca y negra y otra totalmente negra pero no tuve ningún ataque.
En cuanto a los colores de
los poppers les cuento que pude comprobar por enésima vez que las taruchas
parecen no prestarle mayor atención al color de lo que se mueve cerca de ellas.
Usamos rojos, lilas,
blancos, verdes, más todos los colores del arcoiris y sus combinaciones.
Particularmente sigo
dándole la derecha a dos de mis maestros.
Uno es Julio César Gilardi
que desde su libro “Manual de Atado de Moscas” dice en el capítulo referido a
moscas para tarariras: “...los poppers son moscas que por trabajar en la
superficie el pez las ve a contraluz, o sea que, en realidad, lo que ve es
una silueta; por tanto, lo que importa es ésta y el movimiento que le demos con
la recuperación”.
Mi otro referente es Juan
Scalise que hablando de este pez y en un día en el que andaba con “los pájaros
volados”, me dijo: “a estos bichos les tiras una alpargata flecuda y se
prenden”. Y saben qué… tiene razón.
Lo importante es que
cuando la tararira está atacando moscas de superficie le demos el movimiento
adecuado. En este día la “vida” que había que darle a nuestros artificiales puso
a prueba todo lo que habíamos aprendido, más lo que la gente local nos enseñó.
Sumo
nos marcó el camino. “Hay que tirar pasando el lugar donde suponemos que está
acechando nuestra presa y arrastrar , no tirar, sino arrastrar nuestro popper de
a veinte centímetros, sin que haga el característico plop, plop, esperar varios
segundos y arrastrar otros veinte centímetros.” Esta técnica fue la que más
rindió. Y bue..., el que sabe, sabe....
Fuimos casteando
organizadamente en abanico formando un semicírculo, cerrando el paso de una
especie de lengua que se hacía en la laguna, donde veíamos moverse hermosas
tarariras las cuales hacían que nuestro entusiasmo nunca decayera.
A las 13:30 nos juntamos
todos para almorzar. De aperitivo, caña con butiá preparada por Sumo (un
verdadero elixir rochano) y caña con pitanga que traje yo (me la había
obsequiado un cliente de Trinidad), otro elixir de tierra adentro.
Allí estaban los dueños de
casa, ya con Hugo el padre de familia que había vuelto de sus tareas en el
campo. Para esa gente domingo, lunes o martes es lo mismo. El campo no sabe de
almanaques. Hay que atenderlo cuando él lo requiere.
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La mesa
estaba impecablemente preparada. No faltaba nada. Varios tipos de ensaladas,
galleta de campaña, buen vino local y un corderito que ni les cuento. De postre,
tortas caseras, de coco una y de manzana la otra.
El almuerzo transcurrió
entre los comentarios de lo sucedido en la mañana con el remojón de Fernando y
los muchos piques errados. Hay reglas que se confirman y que las pudimos
observar en esta jornada, esto mereció varias reflexiones. Una de ellas es que
en este mes (setiembre) y en esta parte del país, las tarariras recién están
saliendo de su letargo invernal. Por lo tanto están como dicen en campaña “duras
de boca” o “de carretilla dura”, razón por la que erran tantos ataques. Se suma
a esto el clima del momento que no ayudaba. Estaba fresco, nublado y con el muy
fuerte viento característico de la primavera uruguaya.
También fue comprensible
que pescáramos en 20 o 30 centímetros de agua, casi en la orilla. Allí la
temperatura del agua era más elevada y a la tararira le encanta el agua cálida.
Les aclaro que a mi también.
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A los lagos en que
estuvimos pescando los cuidan muy bien. Tan bien como cuidan las praderas. Si no
pregúntenle al corderito que nos comimos. Es otro sabor.
Tal vez esa sea una de las
razones por las cuales las tarariras que abundan en ese lugar gozan de tan buena
salud. Los colores pardos, grises, verdosos y la gran vitalidad que mostraron
hacen que sea un verdadero placer ir a pescar allí.
Estoy seguro que en el
norte del país, donde ya se están registrando temperaturas medias de más de 20
grados, las taruchas se encuentran en su plenitud atacando las alpargatas
flecudas de Juan.
El señor Arrarte además de
comentar los proyectos referidos a su negocio agropecuario nos transmitió una
infidencia:.... ¿saben porqué Sumo sacó la primera tararira? ¡No! dijimos todos
moviendo la cabeza de lado a lado, sin dejar de masticar. “Porque vino antes y
la dejó atada...” Más risas y por supuesto un brindis con vino.
No dejábamos de lamentar
que el otro grupo no estuviera con nosotros.
Después del almuerzo
cayeron unas gotas de lluvia, pero sólo fueron unas pocas. Así que con nuestros
abdómenes más ensanchados, nos volvimos a calzar los waders y a la cancha. ¡Cómo
nos costó cruzar el alambrado que por la mañana casi lo saltamos como el mejor
competidor olímpico!
Todos fuimos a la primer
laguna ya que en ese lugar fue donde se dieron los mejores piques. Y siguieron
las erradas pero también comenzaron a salir una a una las deseadas tarariras.
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Daniel, haciendo un buen
trabajo, luego de haber errado no menos de seis o siete ataques, clava y saca la
primera de la tarde. ¡¡¡ Bien Daniel !!! saludamos todos al unísono. Sumo se
encargó de registrar tal acontecimiento para la posteridad.
El que rompió todo lo
conocido fue Gino. Luego de perder una buena tararira en un gran salto… tiraba,
le atacaban y erraba… tiraba, le atacaban y erraba. ¡¡¡ Ah, hermano sos más teta
que Gustavo. No puedes errar tanto !!!
Al final se le da por
revisar su popper y nos lo muestra, al anzuelo le faltaba el gancho. El pobre
popper de foam estaba más masticado que chicle de basquetbolista de la NBA.
Risas al por mayor mientras Gino miraba incrédulo lo que tenía en la mano.
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| Quién
tampoco demoró en mostrar sus habilidades fue Fausto, sacando una hermosa
tararira que brindó una muy buena lucha. Tuvo mucha paciencia trabajando el
popper para irritarla y hacerla atacar varias veces luego de haberla ubicado.
Luego Gustavo logró
pinchar y sacar otra hermosa tararira prendida de un Jitter Mouse de Barajuan.
En eso, vemos que Gustavo
casi desaparece de la superficie del agua. Seguía allí la canaleta que por la
mañana había cobrado a la otra “víctima”, que tan entusiasmado como él se olvidó
que allí estaba. La verdad que el que inventó el refrán tan conocido que dice:
“...el que quiera pescado que se moje”, se debe haber llevado algún remojón como
los que se dieron en este día.
Por suerte no pasó más
nada que el frío chapuzón, más allá de que luego nos enteramos que se le había
mojado su cámara fotográfica. Una verdadera pena.
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A eso de las cinco y luego
de pinchar y perder varias piezas, logré sacar mi tarucha. Daniel se encargó de
registrarme junto a mi bicho.
Ya casi al final de la
jornada, Fernando Pérez logra prender su pieza. ¡Cómo saltaba esa tararira!
Corridas para un lado y para el otro. Hasta que en uno de esos saltos se
desprende. Si bien no la pudo sacar, la satisfacción que le produjo la lucha que
le dio su pez valió el madrugón, los kilómetros y la mojadura de la mañana.
Y así se fue terminando el
día. Las últimas fotos, cambiarnos, preparar buenos mates, arreglar las cuentas,
abrazos y un hasta pronto. |
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Cada uno volvió por donde
vino cargado de felicidad y nuevas historias para agregar a otras vividas.
Ya se lanzó la idea de
hacer una nueva reunión en Palmar. Así que a prepararse muchachos. Hay que
juntar millas y hacer todos los méritos posibles para obtener el consentimiento
de nuestra media naranja. Está claro que sin ese permiso no hay pesca que valga.
Después de todo, ¿quién es
el jefe en casa?
Si
usted quiere disfrutar de la estancia El Mayoral y pescar sus tarariras, debe
llamar al 0450-6007 o puede escribirnos a
info@tarariraventura.com y lo ponemos en contacto.
Texto: Mario Melo
E-Mail:
lodemelo@adinet.com.uy |