R. O. del Uruguay-Departamento de Rocha

TRUCHAS DE ESQUEL A EL BOLSON

  

        

Este año, a pesar de la terrible crisis económica que está atravesando el país, tuve la suerte de poder volver nuevamente a mi tan querida Patagonia. En esta oportunidad partí hacia la ciudad de Esquel acompañado de mis compañeros de pesca y amigos Juan Pablo “Pota” Onel y Francisco Yapur. La idea era ir recorriendo los distintos lagos que se encuentran entre Esquel y El Bolsón y principalmente el Río Rivadavia, un lugar excepcional para la pesca con mosca.

Lago Futalaufquen

 

El primer lugar que nos recibió fue el Lago Futalaufquen, un sitio realmente hermoso y ubicado muy cerca de Esquel. El primer día se presentó muy ventoso y nublado, pero fue inevitable hacer los primeros intentos en la modalidad spinning. Fran fue el único en obtener resultados, logrando una hermosa trucha arcoiris que rondaba el kilo y medio de peso, con un señuelo similar a un pejerrey que nos dio excelentes rendimientos en todos los lugares donde lo utilizamos. Una densa lluvia se hizo presente dando por finalizado nuestro día de pesca.

El día siguiente se mostró algo nublado, con un poco de viento, pero esta vez pudimos hacer los primeros lances con mosca. El equipo que utilicé fue un #7, con un shootting y leader  terminado en un tippet 1x. Las moscas con las que intenté durante toda la mañana fueron esencialmente streamers, ya sea Wooly Buggers de distintos colores y tamaños, Rabbits, y otras moscas de mi autoría, pero sin resultados.

Al atardecer el viento cesó y comencé a utilizar un equipo #5, con línea floating y leader 4x, probando con algunas secas como ser caddis, Adams e Irresistible, pero solo obtuve resultados con una Adams parachute color negra, de ala blanca, con la que obtuve un ejemplar de salmón encerrado, muy raro de capturar ya que es una especie protegida por su escasez.

 

 

Lago Verde

 

El tiempo no nos acompañaba en este viaje y aunque por momentos parecía aclarar, inmediatamente el viento y las nubes volvían a aparecer. Ya en el Lago Verde pudimos intentar en ambas modalidades, spinning y fly cast.

 Nos ubicamos en una bahía con un hermoso juncal que bordeaba su costa. Los primeros lances fueron con moscas secas, tirando hacia el juncal, pero solo obtuvimos truchas de pequeño porte, pero no poco divertidas.

Comencé a utilizar streamers para tentar algún ejemplar de mejor tamaño, y los piques no se hicieron esperar. Logré capturar varias truchas arcoiris de entre un kilo y un kilo y medio. Se produjo un momento de calma, donde cesó el pique, lo cual me llamó la atención ya que no se podían observar movimientos en la superficie. Coloqué una línea sinking tip, con una Wolly Bugger de cola verde, cuerpo marrón y hackle bataraz, pero parecía que las truchas se habían ido. De repente, siento una explosión en la caña que me sorprende y una corrida impresionante comenzó a llevarse la cola que estaba suelta en el agua. Traté de afirmar la caña para lograr clavar el anzuelo en la boca del pez, pero en ese momento se soltó.... no lo podía creer. Cambié la mosca e hice un par de intentos más, pero fue inútil. Salí del agua extrañado, sorprendido, el corazón me latía como nunca, parece que siempre las piezas que perdemos son las más grandes.

 

        

Al día siguiente volvimos al mismo lugar, vale aclarar que nuestra movilidad era reducida, estábamos acampando y a pie, lo cual nos restringía mucho. Fran pudo capturar algunas arcoiris, esta vez con una cuchara ondulante plateada de buen tamaño. La lucha que presentaron estas truchas se veía reflejada en la sonrisa imborrable de mi amigo.

Un hecho curioso, al que todavía no pude encontrarle explicación, se presentó cuando llegaron unos chicos que estaban acampando cerca de nosotros con una excelente trucha marrón. Mientras la limpiaban pude observar que su carne era blanca y de su estómago sacaban una cantidad considerable de caracoles. No sé si hay relación entre la alimentación de la trucha y el color de su carne, pero me llamó la atención y quería compartirlo con ustedes.

 

Río Rivadavia

 

Por fin llegamos al Lago Rivadavia, espectacular, ¡que lugar!. Arribamos muy tarde y solo tuvimos tiempo para armar las carpas, cenar y descansar para emprender temprano el camino hacia el río homónimo.

 Para llegar al mismo hay que caminar desde el camping organizado unos mil doscientos metros, atravesando el camping agreste, y así se llega a su naciente, un lugar muy hermoso y conocido por sus capturas. Caminando por un estrecho sendero entre un bosque realmente impresionante y muy bello se llega a un rápido que se encuentra a aproximadamente mil metros de la naciente. Era la primera vez que estaba ahí y me quedé unos minutos observando todo lo que mi vista podía. Me acerqué al río y pude ver una gran cantidad de huevecillos que estaban pegados a las piedras que se encontraban a flor de agua. Estos pertenecían a una diminuta mosca que se observa volar al ras del agua.

                     

 

 
 

 

Armé el equipo #5, con línea de flote y mientras esperaba debajo de los árboles que cesara la lluvia, pude ver cierta actividad en la superficie del río. Decidí usar una mosca seca de pequeño tamaño, un #16, mi ansiedad pudo más, parecía que no iba a parar nunca de llover así que entré caminando lentamente y tratando de causar el menor disturbio posible. Comencé a realizar los primeros lances, estaba maravillado con el entorno, me costaba concentrarme en la pesca y tuve un pique fenomenal que no pude concretar. La lluvia me abandonó y un hermoso cielo azul celeste me acompañó durante el resto de la jornada.

 Empecé a ver el agua con más detenimiento y pude observar que estaba lleno de truchas por todos lados. Primero divisé una gran cantidad de marrones, afinando un poco más la vista, comencé a ver arcoiris, muchas ubicadas muy cerca de mí. Por sus movimientos estaba claro que se estaban alimentando de esos huevecillos que se encontraban en las piedras y seguramente de ninfas también. Coloqué una pequeña Elk Hair Caddis negra y en el primer lanzamiento pude ver una gran trucha fontinalis tomar la diminuta ninfa, clavé, ¡¡que linda lucha!! No paraba de sacar cola de mi reel. Tratando de no forzar el tippet dejé que hiciera su trabajo, que parecía tomárselo muy en serio, no se iba a dar por vencida muy fácilmente. Por suerte luego de veinte minutos logré acercarla y quitarle el anzuelo, los pescadores que ya se encontraban cerca de mí  resaltaban lo increíble de sus colores y el tamaño de esa fontinalis.

 Lamentablemente no pude fotografiarla porque debido a la lluvia había dejado la cámara en la mochila debajo de los árboles, pero esa imagen no se va a borrar nunca de mi cabeza.

 Volvimos a retomar posiciones, yo decidí cambiar de mosca y coloqué una Montana. Mientras lo hacía, pude ver a uno de los pescadores que estaban cerca de mí luchar con una  arcoiris de importante tamaño, que lamentablemente se soltó cuando la estaba acercando para liberarla. Volví a lanzar, e inmediatamente una arcoiris tomó mi mosca, nadó franca corriente arriba, lo que me facilitó la lucha, saltó un par de veces y rápidamente pude soltarla.

 

 
 

 
          

Decidí hacer un alto para almorzar, otros pescadores se acercaron a descansar y el comentario era el mismo, impresionante la cantidad y la calidad de las truchas que pueblan el Río Rivadavia. Todos habíamos capturado algunos ejemplares y siempre con ninfas, cuanto más pequeñas mejor. Mientras almorzaba pude ver a otro de los pescadores lograr varias piezas usando indicadores de pique, lo que realmente facilitaba la pesca porque al usar ninfas tan pequeñas los piques eran menos notorios. También había que cambiar las moscas bastante seguido porque luego de unos minutos de estar pescando con el mismo cebo dejaban de darse los piques, e inmediatamente después de colocar un nuevo engaño volvían a sucederse.

Personalmente no me gusta hablar de la “selectividad” de las truchas, en este caso parecía que una vez identificada la mosca, tal vez atacada, no volvían a tomarla.

Nuevamente ubicado en el río empecé a lanzar hacia una corredera que se formaba en la costa contraria, y luego de dos o tres pasadas, una fontinalis tomó decidida una Elk Hair Caddis. Esta era de menor tamaño que la cobrada en la mañana, pero no menos luchadora, sus violentas corridas sacaban cola del reel y parecía que no iba a parar nunca. Tuve que caminar unos metros tras ella para evitar cortar el tippet ya que la corriente era muy fuerte y no quería perderla.

La pequeña ninfa quedó maltrecha y coloque una Mickey Finn, porque luego de devolver la fontinalis pude observar truchas de muy buen tamaño comiendo en la corredera que si bien era bastante profunda, me permitía ver las subidas.

 

 
 

En los primeros lances una arcoiris bastante acrobática tomó el engaño, pocas veces vi saltar tanto a una trucha, fue realmente espectacular pero no logró zafarse, dio una digna lucha.

La mañana siguiente se presentó algo nublada, y esta vez decidimos alquilar una canoa para  probar tanto con spinning como con mosca. Nos acercamos a un juncal, hicimos varios lances en ambas modalidades, y si bien se veían saltar muchas truchitas ninguna picó. Cuando volvíamos, mi amigo Pota tiró un señuelo y dejó que se alejara unos 50 metros, mientras Fran y yo remábamos pegados a la costa, donde había una profundidad considerable. Para nuestra sorpresa, este raro trolling a remo le dio a Pota su primer trucha, una marrón cercana a los dos kilos.

 
 

Por la tarde volvimos al río para hacer los últimos intentos. Mientras mis amigos tomaban unos mates en la costa, yo me ubicaba en la parte más alta del rápido. La mosca seleccionada fue una Prince, pero no tentó ninguna trucha. Luego probé con una Wolly Worm pero tampoco tuvo éxito. Coloque una Montana, y en el primer lanzamiento pude ver el reflejo plateado en el agua que producía un gran tirón en la caña, clavé firme y en ese instante un espectacular salto me mostraba a mi adversario, una arcoiris, la más grande de las obtenidas en estos dos días de pesca. Rápidamente nadó hacia la costa de enfrente donde la corriente era más fuerte, traté de sacarla de allí, pero comenzó a nadar muy rápido corriente abajo. Pasó el primer escalón que forma el rápido y tuve que caminar hasta allí porque sería imposible tratar de subirla.

Una vez ubicado, la trucha no se cansaba y seguía dando pelea, saltando, con corridas violentas. Nuevamente nadó corriente abajo y descendió por el segundo escalón del rápido y luego el tercero. Por suerte no iba a pasar de allí, pero tuve que caminar unos ciento cincuenta metros por el río, era un oponente respetable que utilizaba muy bien la fuerte corriente que forma el rápido. Fue realmente hermoso luchar con ella, al punto que luego de liberarla di por finalizado mi día de pesca, ya estaba más que satisfecho.

 El lugar es muy rendidor y vale la pena visitarlo, ya sea por sus truchas y por el espectacular paisaje que presenta.

Todas las truchas que fueron capturadas fueron liberadas vivas y con el menor daño posible. Si usted nunca devolvió su captura, inténtelo, le va a traer grandes satisfacciones y no solo con las truchas, sino con todas las especies como dorados, pejerreyes, tarariras, etc. Si usted disfrutó su pesca deje al pez disfrutar su vida.

 

 
Texto: Juan Esteban Alvarez                         E-Mail: juanealvarez@yahoo.com.ar
  

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