|
Una decisión apresurada
En marzo de 2002, tuvimos el dato que en el Río Negro, aguas abajo de la Represa
de Palmar había muchos dorados y que era posible pescarlos con mosca desde la
costa. Tanto yo como los amigos con los que habitualmente compartimos las
salidas de pesca, nos empezamos a hacer la película de recorrer los 500 Km que
nos separan de esa zona para intentar pasar nuestros Deceivers por el territorio
de caza del tigre de los ríos. Ninguno de la barra conocía el lugar, y excepto
yo, ninguno había pescado dorados, pero por falta de tiempo el viaje quedó
pospuesto para “algún día”.
Ese “algún día” fue un lunes de abril a las cinco de la tarde, cuando con mi
hermano decidimos que en la próxima madrugada nos largábamos tempranito para
Palmar. Enseguida llamamos a Fernando y Mario para invitarlos y aunque
sorprendidos los dos dijeron sí. Una hora después nos encontramos para ajustar
los detalles del viaje y dos horas después cada uno de nosotros estaba
preparando su equipo y atando alguna Andino.
Un viaje accidentado
Al otro día, todos en pie a las cinco de la mañana, con un cielo amenazante y la
lluvia a punto de empezar a caer. Las dudas de alguno sobre si arrancar o no por
causa de la eminente tormenta fueron inmediatamente desechadas por la mayoría,
no había marcha atrás.
Esas dudas volvieron a surgir a la media hora de estar en la ruta dentro de una
densa niebla, cuando empezó a fallar el motor del auto con intenciones de dejar
de funcionar. Pese a que los obstáculos aparecían uno tras otro ese día la
mayoría dijo “para adelante”.
Sin sacar el pie del acelerador llegamos al trébol de San Carlos y el motor del
Peugeot se detuvo cuando pretendíamos entrar hasta alguna estación de servicio
para sopletear el caño del combustible y sacar alguna basura que lo estaba
obstruyendo. Mi hermano tuvo que hacer de mecánico improvisado y probar algún
trago de gasoil, pero con el último aliento arribamos a la estación.
Media hora después, de nuevo en la ruta bajo un cielo amenazante y sin la
seguridad de poder alcanzar el destino propuesto.
Alrededor de las once logramos llegar a la zona de la represa con la ansiedad al
límite, y de golpe la tormenta se empezó a disipar dejando pasar algún
rayo de sol. Al instante estábamos los cuatro cañas en mano, caminando sobre las
grandes piedras de la orilla, y eligiendo cada uno un sector de corredera para
intentar la pesca.
Una pesca dorada
Cinco minutos después mi hermano Fausto clavó el primer dorado de su vida que
atacó una andino deceiver de colores amarillo y verde fluo. La caña #7 y el
freno del reel fueron exigidos pero hicieron su trabajo y finalmente pudieron
con la fuerza y los saltos del salminus de un kilo y medio de peso estimado.
Después de la breve sección fotográfica y la devolución del pescado al Río
Negro, había un nuevo fanático de la pesca con mosca del “tigre”.
Poco rato después, de nuevo Fausto con la línea tensada, y luego Fernando, y
luego yo experimentamos la emoción del pique feroz y la pelea espectacular de
estos formidables peces.
 |
Todos pescamos con mosca excepto Mario que le tuvo más fe al spinning y si bien
en la mañana no sacó ningún dorado, dejó varios señuelos enganchados en las
piedras del fondo y curiosamente pescó un buen sábalo enganchado de la boca. |
Todos usamos cañas #7 y #8
de acción rápida con shoottings extra fast sinking unidos a monofilamento
amnesia o con running line. A los que usamos amnesia se nos dificultó
bastante la pesca debido a los enganches y enredos con las piedras de la orilla
mientras que usando running este problema fue menor.
|
Por lejos las moscas rendidoras fueron las Andino y
Lefty
Deceivers con bastante color verde. Obligado por la circunstancia de
haber reventado su shootting, Fernando usó una línea flotante en la tarde y le
dio buen resultado sobre todo porque le facilitó el control de la misma dentro y
fuera del agua. |
 |
La técnica usada fue
realizar lanzamientos perpendiculares a la corriente y dejar que la mosca
derivara y profundizara para empezar a recoger al final de la deriva. Todos los
piques se produjeron al finalizar la deriva.
Alrededor de las dos de la tarde se habían disipado totalmente todas las nubes
que oscurecían el cielo dejando paso a un sol intenso y brillante que nos obligó
a parar un rato para tomar un rápido almuerzo a la sombra.
 |
Luego de esta parada vino el turno de la tarde que llegó con nuevos dorados y
con el debut de Mario que se había pasado a la pesca con mosca y que sacó el
ejemplar más pesado del día (2,600 Kg). La pelea que le dio fue espectacular,
lo obligó a correr por la orilla y hasta último momento no estuvo segura la
puesta en tierra del pescado.
Después de las cuatro de la tarde, estando los cuatro cansados por la pesca, el
sol y el viaje, aunque ampliamente satisfechos por nuestro “encuentro cercano”
con los dorados de Palmar, decidimos abandonar pensando en el largo trecho de
vuelta.
El resultado del día fueron siete dorados de entre 1Kg y 2,6 Kg, un running line
cortado por las piedras de la orilla, y un shootting y una Teeny 300 reventadas
y perdidas por causa de enganches en el fondo. |
Intercambiando opiniones post pesca, coincidimos que en otra oportunidad sería
interesante probar otras opciones en cuanto a líneas, ya sea una de flote con
líder de hundimiento, una sink tip o un shootting de hundimiento 2 con running
line para minimizar los enganches y facilitar el manejo de la línea.
Muchas veces hemos realizado salidas preparadas con mucho tiempo, donde ningún
detalle queda aparentemente librado al azar, disponiendo de más dinero y días de
pesca, y sin embargo los resultados no han sido tan buenos como en este caso. La
gran diferencia es que esta vez fuimos a Palmar, un lugar desconocido para mí,
con un paisaje que no me llamó la atención en esa zona pero con una enorme
belleza escondida bajo el agua y que ese día tuvimos la suerte que se dejara
descubrir por nosotros.
Con seguridad que “algún día” estaremos allí nuevamente.
|
|