R. O. del Uruguay-Departamento de Rocha

TIGRES ORIENTALES

     Habitualmente comenzamos a disfrutar un viaje de pesca bastante antes de estar frente al río o laguna haciendo los primeros lanzamientos, sobre todo cuando vamos  hacia un lugar donde no hemos estado antes y solo conocemos a través de referencias y anécdotas de otros que han pescado allí. En esos días o semanas previas nos va ganando la ansiedad mientras estudiamos las rutas, revisamos los equipos y atamos las moscas supuestamente adecuadas.

 

     Esta vez nada de eso ocurrió, pero la salida tuvo el condimento de la intensidad y la improvisación.

 

            

     Una decisión apresurada

    En marzo de 2002, tuvimos el dato que en el Río Negro, aguas abajo de la Represa de Palmar había muchos dorados y que era posible pescarlos con mosca desde la costa. Tanto yo como los amigos con los que habitualmente compartimos las salidas de pesca, nos empezamos a hacer la película de recorrer los 500 Km que nos separan de esa zona para intentar pasar nuestros Deceivers por el territorio de caza del tigre de los ríos. Ninguno de la barra conocía el lugar, y excepto yo, ninguno había pescado dorados, pero por falta de tiempo el viaje quedó pospuesto para “algún día”.

     Ese “algún día” fue un lunes de abril a las cinco de la tarde, cuando con mi hermano decidimos que en la próxima madrugada nos largábamos tempranito para Palmar. Enseguida llamamos a Fernando y Mario para invitarlos y aunque sorprendidos los dos dijeron sí. Una hora después nos encontramos para ajustar los detalles del viaje y dos horas después cada uno de nosotros estaba preparando su equipo y atando alguna Andino.

  

     Un viaje accidentado

 

    Al otro día, todos en pie a las cinco de la mañana, con un cielo amenazante y la lluvia a punto de empezar a caer. Las dudas de alguno sobre si arrancar o no por causa de la eminente tormenta fueron inmediatamente desechadas por la mayoría, no había marcha atrás.

    Esas dudas volvieron a surgir a la media hora de estar en la ruta dentro de una densa niebla, cuando empezó a fallar el motor del auto con intenciones de dejar de funcionar. Pese a que los obstáculos aparecían uno tras otro ese día la mayoría dijo “para adelante”.

    Sin sacar el pie del acelerador llegamos al trébol de San Carlos y el motor del Peugeot se detuvo cuando pretendíamos entrar hasta alguna estación de servicio para sopletear el caño del combustible y sacar alguna basura que lo estaba obstruyendo. Mi hermano tuvo que hacer de mecánico improvisado y probar algún trago de gasoil, pero con el último aliento arribamos a la estación.

    Media hora después, de nuevo en la ruta bajo un cielo amenazante y sin la seguridad de poder alcanzar el destino propuesto.

    Alrededor de las once logramos llegar a la zona de la represa con la ansiedad al límite, y de golpe la tormenta se empezó a disipar dejando pasar  algún rayo de sol. Al instante estábamos los cuatro cañas en mano, caminando sobre las grandes piedras de la orilla, y eligiendo cada uno un sector de corredera para intentar la pesca.

   

     Una pesca dorada

 

    Cinco minutos después mi hermano Fausto clavó el primer dorado de su vida que atacó una andino deceiver de colores amarillo y verde fluo. La caña #7 y el freno del reel fueron exigidos pero hicieron su trabajo y finalmente pudieron con la fuerza y los saltos del salminus de un kilo y medio de peso estimado. Después de la breve  sección fotográfica y la devolución del pescado al Río Negro, había un nuevo fanático de la pesca con mosca del “tigre”.

    Poco rato después, de nuevo Fausto con la línea tensada, y luego Fernando, y luego yo experimentamos la emoción del pique feroz y la pelea espectacular de estos formidables peces.   

 

    Todos pescamos con mosca excepto Mario que le tuvo más fe al spinning y si bien en la mañana no sacó ningún dorado, dejó varios señuelos enganchados en las piedras del fondo y curiosamente pescó un buen sábalo enganchado de la boca.

      Todos usamos cañas #7 y #8 de acción rápida con shoottings extra fast sinking unidos a monofilamento amnesia o con running line. A los que usamos amnesia se  nos dificultó bastante la pesca debido a los enganches y enredos con las piedras de la orilla mientras que usando running este problema fue menor.

   

     Por lejos las moscas rendidoras fueron las Andino y Lefty Deceivers con bastante color verde. Obligado por la circunstancia de haber reventado su shootting, Fernando usó una línea flotante en la tarde y le dio buen resultado sobre todo porque le facilitó el control de la misma dentro y fuera del agua.

      La técnica usada fue realizar lanzamientos perpendiculares a la corriente y dejar que la mosca derivara y profundizara para empezar a recoger al final de la deriva. Todos los piques se produjeron al finalizar la deriva.

 

    Alrededor de las dos de la tarde se habían disipado totalmente todas las nubes que oscurecían el cielo dejando paso a un sol intenso y brillante que nos obligó a parar un rato para tomar un rápido almuerzo a la sombra.

    

     Luego de esta parada vino el turno de la tarde que llegó con nuevos dorados y con el debut de Mario que se había pasado a la pesca con mosca y que sacó el ejemplar más pesado del día (2,600 Kg). La pelea que le dio fue espectacular,  lo obligó a correr por la orilla y hasta último momento no estuvo segura la puesta en tierra del pescado.

     Después de las cuatro de la tarde, estando los cuatro cansados por la pesca, el sol y el viaje, aunque ampliamente satisfechos por nuestro “encuentro cercano” con los dorados de Palmar, decidimos abandonar pensando en el largo trecho de vuelta.

     El resultado del día fueron siete dorados de entre 1Kg y 2,6 Kg, un running line cortado por las piedras de la orilla, y un shootting y una Teeny 300 reventadas y perdidas por causa de enganches en el fondo.

     Intercambiando opiniones post pesca, coincidimos que en otra oportunidad sería interesante probar otras opciones en cuanto a líneas, ya sea una de flote con líder de hundimiento, una sink tip o un shootting de hundimiento 2 con running line para minimizar los enganches y facilitar el manejo de la línea.

 

     Muchas veces hemos realizado salidas preparadas con mucho tiempo, donde ningún detalle queda aparentemente librado al azar, disponiendo de más dinero y días de pesca, y sin embargo los resultados no han sido tan buenos como en este caso. La gran diferencia es que esta vez fuimos a Palmar, un lugar desconocido para mí, con un paisaje que no me llamó la atención en esa zona pero con una enorme belleza escondida bajo el agua y que ese día tuvimos la suerte que se dejara descubrir por nosotros.

     Con seguridad que “algún día” estaremos allí nuevamente.

    

Texto: Gino de León                                                             E-Mail:


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