R. O. del Uruguay-Departamento de Rocha

 

Santa Teresa    

 La fortaleza arrancada a españoles, portugueses y a la arena.

 

 

 

 

El tratado de Madrid firmado en 1750 entre los imperios de España y Portugal dio a los portugueses el dominio sobre toda la cuenca de la laguna Merín, incluyendo buena parte de los actuales departamentos uruguayos de Rocha, Lavalleja, Treinta y Tres y Cerro Largo.

Fue para proteger estas tierras que el teniente general Gómez Freire de Andrade, conde de Bobadela, mandó construir la fortaleza de Santa Teresa. El 6 de octubre de 1762 el coronel Tomás Luis Osorio, en cumplimiento de dicha orden, instaló la piedra fundamental y nueve días después comenzó a construir Santa Teresa, llamada así por ser ésta la santa preferida de Bobadela.

Sin embargo, el acuerdo entre los imperios no duró demasiado, volviendo ambas potencias a enfrentarse. El 19 de abril de 1763 el general español Pedro de Cevallos conquistó la fortaleza, haciendo prisionero a Osorio, junto con 25 de sus oficiales y 250 de sus “dragones”. Además cayeron en manos españolas 13 cañones y 3.200 balas de cañón y 60 quintales de pólvora.

Concluida la guerra, Osorio fue sometido a un consejo de guerra en Portugal y, acusado de haber favorecido la conquista española, fue ahorcado en Lisboa. Su viuda, luego, aportó pruebas que demostraron lo erróneo de la acusación.

Al mando de la fortaleza, Cevallos ordenó rehacerla ahora orientada hacia el Brasil portugués, utilizando como base la primitiva construcción. Poco después la obra fue ampliada nuevamente según un proyecto del ingeniero español Bartolomé Howel, responsable de la Santa Teresa que hoy se conserva, auténtico monumento de la arquitectura española del siglo XVIII.

 

 

 

La fortaleza fue escenario de nuevas luchas entre españoles y portugueses. Cuando éstos desalojaron a los españoles de Río Grande, sirvió de asilo para los derrotados y de freno para la arremetida lusitana.

En 1806, durante las invasiones inglesas, tuvo el honor de ser la primera en defender los territorios españoles del Río de la Plata, manteniendo un duelo de artillería con una fragata británica.

El 5 de mayo de 1811, en pleno levantamiento artiguista, el coronel del ejército oriental, Pablo Pérez, la tomó por sorpresa y arrió, definitivamente, la bandera española de sus murallas.

Pero quienes volverían serían los portugueses. En setiembre de ese año un ejército de 4.000 hombres atacó a la pequeña guarnición oriental. Esta, desbordada e imposibilitada de defender la fortaleza, intentó volarla en un desesperado esfuerzo por evitar su caída en manos enemigas. La escasa pólvora disponible apenas provocó daños menores en sus muros.

Antes de huir, incendiaron todas las construcciones y el poblado que se había formado a los pies de la fortaleza, dando el primer paso del luego masivo éxodo del pueblo oriental. Los restos del poblado se conservan hoy a pocos metros de la fortaleza.

Tras una nueva y breve ocupación artiguista y otra del coronel argentino Manuel Dorrego, Santa Teresa fue tomada en 1816 por el poderoso ejército portugués que invadió la Banda Oriental, al mando del general Carlos Federico Lecor, barón de la Laguna.

Derrotados los ejércitos de Artigas y convertida la Banda Oriental en Provincia Cisplatina, la fortaleza permaneció en manos de Portugal hasta 1822 y de Brasil hasta el último día de 1825, cuando el coronel Leonardo Olivera la conquistó definitivamente para el ejército nacional.

Enfrentado el Uruguay a la vida independiente, las urgencias económicas impidieron mantener adecuadamente este y otros monumentos históricos. Aunque permanece ocupada por las fuerzas de Manuel Oribe durante casi todos los nueve años en que se prolonga la Guerra Grande, el deterioro de Santa Teresa es progresivo, hasta que su abandono se hace total. Sus piedras son saqueadas, sus muros cubiertos por los médanos y las malezas. En su interior, poblado de lagartos, cruceras, murciélagos y ñacurutúes, se abriga el ganado.

Recién a fines de siglo se comenzó a hablar de intentar su recuperación, no necesariamente como monumento ya que algunos proyectos proponían transformarla en cárcel o darle otros usos.

Como premio a una larga militancia en favor de su restauración, en 1928 el gobierno nacional confió a Horacio Arredondo -junto con el general y arquitecto Alfredo Baldomir- la responsabilidad de su recuperación. Había sido declarada monumento nacional el 27 de diciembre de 1927.

Hoy Santa Teresa luce como en sus días de máximo esplendor, dominando como hace dos siglos el paisaje de la región. A pocos metros de sus murallas, se ha erigido un monumento y mausoleo de Leonardo Olivera, su conquistador, obra del escultor José Belloni. Dentro de sus muros, un museo reconstruye su aspecto pasado y exhibe diversas colecciones históricas y etnográficas.

Tomado de: PRO­BIDES. 1999. Guía ecoturística de la Reserva de Biosfera Bañados del Este. PROBIDES,­ Aguilar - Grupo Santillana, Montevideo. 304 p.

 

Principal Notas Moscas Equipos Técnicas
Fotogalería Naturaleza Cultura Links

Contáctanos