R. O. del Uruguay-Departamento de Rocha

Desde Juan Díaz de Solís a Brigitte Bardot

Los rebaños de lobos uruguayos viven en el mar

Era el año 1516 cuando Juan Díaz de Solís fue atravesado por flechas indias. El descubrimiento del "Mar Dulce" le costó la vida a él y a varios de sus marinos. Los sobrevivientes huyeron, cuanto más rápido mejor. Proa al Viejo Mundo, aquellos marinos marcaron un nuevo hito histórico: realizaron la primer cacería de lobos de mar en estas latitudes. Cazaron 66 animales. Con su carne se alimentaron durante el viaje, las pieles las vendieron al arribar.

Pero los lobos marinos habían llegado aquí mucho antes que los españoles y habitaban estas latitudes desde épocas remotas, quizás desde el pleistoceno (hace un millón de años), como parecen indicar restos encontrados aquí y en Argentina.

Los indios probablemente utilizaron sus cueros como vestimenta y se alimentaron con su carne. En las zonas costeras próximas a los rebaños de lobos se ha encontrado un tipo de raspador de gran tamaño, que no fabricaban los indígenas de otras zonas y que pudo haber servido para desollar lobos marinos. Por otra parte, se han hallado en los paraderos indios huesos carbonizados de estos pinnípedos. Esta vinculación con los lobos de mar podría explicar, en parte, los paraderos de aborígenes localizados en lugares que, desde otro punto de vista, aparecen como inhospitalarios, como las arenas del Cabo Polonio.

UN PELO Y DOS PELOS

 

Los rebaños uruguayos están constituidos por dos especies que conviven en armonía: el lobo de dos pelos -también llamado lobo fino- y el lobo marino de un pelo, también denominado lobo ordinario o león marino.

El lobo de dos pelos está provisto de una capa exterior del tipo de la cerda y una más profunda, de pelo corto y suave. El macho adulto es gris y posee una melena pequeña en comparación con la de la otra especie. Suele alcanzar una longitud cercana a los dos metros y un peso de 140 kilos. La hembra pesa unos 50 kilos y su tamaño es de 1,50 metros.

En noviembre y diciembre forman grupos reproductores, en los que cada macho tiene su harén, que puede estar integrado por una única hembra o por varias, hasta 13. A los machos jóvenes no se les permite integrarse en estos grupos.

El lobo de un pelo lleva este nombre por tener una capa única de pelo rígido y bastante áspero. El macho adulto se destaca por su melena, la que le ha valido el sobrenombre de "peluca".

Su tamaño es mayor que el lobo de dos pelos. Los machos miden alrededor de 2,50 metros y pesan unos 340 kilos, mientras las hembras rondan los dos metros y los 140 kilos. Los cachorros tienen un color negro intenso, mientras que el pelo de los adultos varía dentro de una amplia gama de marrones y castaños.

A fines de diciembre los machos forman harenes con un grupo de una a 15 hembras, siendo lo más corriente un número intermedio. Mediante rápidos desplazamientos hacia sus límites y, si es necesario, a empujones y mordiscos, defienden su territorio. En cambio, aquellos que no logran pareja se reúnen en grupos y los jóvenes se dedican, con empeño, a obstaculizar las actividades reproductoras de los adultos, llegando a atacar individual o colectivamente a los cachorros, incluso hasta matarlos.

En las épocas de cría las colonias son sumamente ruidosas. Madres e hijos se reconocen por los sonidos que emiten. Durante el resto del año, esta organización se desmiembra.

VIEJAS PRECAUCIONES

 

Hoy, la población de lobos marinos del Uruguay es una de las más importantes del mundo, si no la principal. Es en nuestras costas donde sobrevive el único remanente numeroso de los rebaños de lobos de dos pelos, especie que en épocas pasadas ocupó grandes extensiones de la costa sudamericana.

Esta circunstancia no es casual, puesto que ya en el siglo pasado el país mostró especial interés en explotar esta riqueza - principalmente las pieles, pero también otros subproductos- de un modo racional, sin poner en peligro la supervivencia de la especie. Los cuidados comenzaron a ser más exitosos a medida que se profundizó el conocimiento de la etología y ecología del lobo marino.

Ya en 1876 se prohibió la matanza en época de cría. En 1948 y 49 se realizó un plan de recuperación que hizo que entre 1950 y 1952 no se mataran hembras. En 1980 las faenas se realizaban sólo en invierno, sacrificándose únicamente individuos de tamaño medio, principalmente machos capturados lejos de la zonas de cría y en un número preestablecido.

Estas precauciones y criterios científicos que se vienen aplicando desde hace más de un siglo permitieron, no solo la supervivencia, sino el aumento de la especie, demostrándose, además, que no existía oposición con una buena rentabilidad en productos y subproductos.

Sin embargo, la presión de grupos verdes europeos quitó clientela a las pieles y cueros que Uruguay exportaba y atentó contra la explotación de los rebaños que finalmente fue suspendida. Hace unos cinco años, ante la posibilidad de reiniciarlas, un movimiento local, que recibió el apoyo de la ex diva  francesa -hoy defensora de los animales- Brigitte Bardot, juntó firmas en contra de esos proyectos. Por el contrario, otras voces sostienen que el crecimiento desmedido del número de lobos marinos perjudica la pesca.

Unos 5.000 lobos de mar murieron en febrero de 1997 debido a un derrame de petróleo ocurrido cerca de la costa de Punta del Este. De todos modos, la supervivencia de los rebaños no se vio amenazada.

No hay explicación para el hecho de que mientras el lobo de dos pelos aumenta notoriamente su población, la de lobos de un pelo disminuye.

 Tomado de: PRO­BIDES. 1999. Guía ecoturística de la Reserva de Biosfera Bañados del Este. PROBIDES,­ Aguilar - Grupo Santillana, Montevideo. 304 p.

Fotografía: Angel Jardim y Eduardo Velásquez

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