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El paisaje de la zona por
donde vamos andando hacia los lugares de pesca, en el corazón de los bañados del
norte del departamento de Rocha, es de una belleza increíble. Estos esteros son
tierras bajas con escasa pendiente que permanecen inundados mucho tiempo, y
albergan una flora y fauna singular que esa mañana es un espectáculo
privilegiado para nuestros sentidos. Chajáes, espátulas rosadas, patos, garzas y
cigüeñas, entre otras muchas aves, con el fondo de lagunetas, pajonales y
palmares flanquean el camino de tierra por donde transitamos, y por un momento
nos olvidamos del objetivo principal de ese día, que es verificar la veracidad
de historias que nos llegaron acerca la existencia en la zona de una pesca
espectacular de tarariras, en cantidad y en tamaños.
Este paisaje natural se
entremezcla con otro paisaje creado por el hombre acondicionando el suelo y
manejando el agua con suma precisión en las plantaciones de arroz, que ocupan
importantes áreas y caracterizan la zona. El verde intenso que en esa fecha
tienen los cultivos y las curvilíneas formas que dibujan los canales y taipas
armonizan con el entorno y llaman la atención de todos los integrantes del
grupo. El mismo está integrado por tres amigos de Montevideo y Rivera (los
hermanos Gonzalo y Rodrigo Casanovas y Martín Bocage), dos baqueanos de la zona,
Sumo y yo. Salvo los lugareños, que nos entusiasman pese al día con lloviznas y
el cielo gris, ninguno ha pescado en esos lugares, pero la expectativa es grande
cuando pasamos la última portera de estancia y nos detenemos junto al lugar
donde haríamos los primeros lances.
Buen comienzo
Armamos los equipos
ansiosamente, sin siquiera detenernos a observar detalladamente el sitio.
Nuestros acompañantes locales nos habían enterado que se trataba de canales para
riego de arroz que estaban cerrados hace tiempo y no se usaban para ese fin en
la actualidad. Si bien eran artificiales, y carecían de árboles en las orillas,
estaban rodeados de bañados y tenían un aspecto muy natural, con pajonales,
plantas acuáticas y además tenían varios kilómetros de extensión. Su apariencia
nos hizo compararlos con algunos arroyos cercanos a la costa atlántica del
departamento.
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Creo que fui el primero en
empezar a castear, justo al lado de los vehículos. Al tercer tiro tuve el primer
ataque fallido. Levanté la línea de flote que usaba y coloqué el popper de foam
blanco y rojo con patitas de goma en el mismo sitio. Después de un tironcito
corto, explotó la superficie y desapareció la mosca.
A diferencia de otros
lugares donde acostumbramos pescar, aquí hay más profundidad y no hay vegetación
flotante que produzca enganches por lo que la tararira puede correr y saltar sin
obstáculos y se disfruta plenamente la pelea.
Gonzalo que ya había armado y estaba casteando a mi derecha, tuvo un ataque
fallido y en el siguiente tiro logró clavar, pescar y posteriormente liberar su
primer tararira en los esteros de Rocha.
La siguiente media hora
fue una captura tras otra de parte de todos los integrantes del grupo,
destacándose una que pescó Rodrigo en spinning, utilizando un Oreno y que
pesó 3 kg y otra que pescó el locatario Níver, de 2,5 kg también en
spinning.
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Realmente estábamos muy
entusiasmados, el lugar estaba literalmente lleno de tarariras y había grandes
como las que acabo de mencionar.
A medida que avanzábamos
por el borde del agua aparecían nuevos lugares prometedores, hasta que
llegamos a un desagüe del bañado en el canal, muy recomendado por los baqueanos
por el tamaño de piezas que se habían sacado allí. Lamentablemente, o felizmente
como les relataré más adelante, el tiempo empeoró rápidamente, el cielo se
oscureció y aparecieron relámpagos en el horizonte. A esa altura era la única
forma de que abandonáramos la orilla y guardáramos rápidamente las cañas
de grafito. Era imprescindible salir antes de que empezara a llover fuertemente
porque si estos caminos de arrocera se mojan, se vuelven totalmente
intransitables y es imposible escapar.
De todas formas, aunque
ese día no hubiésemos podido seguir pescando, ya estábamos plenamente
satisfechos por esos intensos únicos 30 minutos. Incluso Sumo que estaba invicto
por haberse dedicado a fotografiar a los demás pescadores sin pausa por la
cantidad de capturas obtenidas. Teníamos claro que habíamos dado con un paraíso
para la pesca de tarariras, que últimamente creíamos perdido, y estábamos
seguros de que pronto volveríamos a buscar esos ejemplares grandes que habíamos
verificado que vivían allí.
Ver para creer
Cuando alcanzamos ruta, el
cielo se había aclarado y la tormenta parecía haberse dirigido a otra zona.
Aceptamos la invitación de nuestros guías para ir a otro lugar un poco más
alejado, pero según ellos con tarariras más grandes.
No
bien llegamos al nuevo sitio, comprobamos que se trataba de una intrincada red
de canales de riego y puentes de madera característicos de las arroceras,
inmersos en el bañado.
A medida que avanzábamos
entre los cardos de la orilla hacia el lugar recomendado por los baqueanos,
empezamos a distinguir un movimiento extraño en el agua y cuando llegamos vimos
algo que no podíamos creer. El agua parecía hervir agitada por un cardumen de
pequeños peces asustados intentando escapar de un depredador que cada tanto
salía del agua y se los tragaba.
Convencido de que eran
tarariras enganché un popper y tiré encima mismo del movimiento pero no se
produjo el esperado ataque. Apresuradamente lo sustituí por un Silicona estrímer
amarillo y rojo que fue tomado violentamente en el segundo tirón después de
estar en el agua sobre el cardumen. El pez que luchaba por soltarse lo hacía con
mucha fuerza y la línea me quemó los dedos al salir cuando éste corrió buscando
la profundidad. Me costó arrimarlo a la orilla, pero cuando lo logré nos
quedamos asombrados con Sumo que llegaba con la cámara.... se trataba de un
bagre de los buenos.
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Sumo se puso a castear a
mi lado y obtuvo varios ejemplares más. Comprobó asombrado la voracidad
que tenían y la fuerza que imponían para correr e intentar liberarse del
anzuelo. Gonzalo y Martín también se unieron al grupo y continuamos pescándolos
hasta que todos nos sacamos las ganas. Los estrímers de pelo de conejo que
utilizaron fueron los que les dieron mayores resultados.
Más sorprendidos quedamos
cuando posteriormente nos acercamos a la orilla donde se producía la cacería y
apreciamos el espectáculo en primer plano. El cardumen, que era de piabas (mojarras)
estaba en la superficie como una nata de peces y por debajo del mismo habían
cientos de bagres colocados en posición vertical en el agua, comiéndoselas con
la boca abierta hacia arriba y los bigotes, que son órganos sensoriales,
desplegados . Esa actividad duró todas las horas que estuvimos allí. No tenemos
claro porqué ese cardumen no se movía del lugar al ser depredado, pero
entrando en el terreno de la especulación creemos que podrían estar desovando.
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Solo nos dedicamos a pescar estos bagres los mosqueros del grupo, y los equipos
utilizados fueron los mismos que usamos para las tarariras, conformados con
cañas #7 y #8, con líneas de flote (ver artículo
“El equipo adecuado”).
Plato fuerte
Las tarariras habían sido
encontradas por Rodrigo con su equipo de spinning a unos metros del lugar donde
nos situábamos los demás.
Evidentemente no contaba con el equipo ideal para la pesca de las Hoplias, la
caña demasiado blanda no lo ayudaba a clavar el anzuelo en las duras bocas y
perdió unas cuantas piezas que parecían de buen tamaño antes de tener en sus
manos la primera captura que fue de muy buen porte (más de 2 kg.). |

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No obstante las
dificultades que le planteaba el equipo, fue tanta la cantidad de piques sobre
sus señuelos, que fueron incontables la cantidad de capturas concretas que
logró, y la mayoría de muy buenos tamaños (entre 2 kg. y 3 kg.).
Un pececito grande de goma
naranja con una cucharita giratoria delante sufrió tantas mordeduras que se fue
desintegrando de a poco hasta que al final se lo llevaron entero. Otros señuelos
que utilizó con gran éxito fueron un Coquet articulado de color naranja y el
clásico Oreno blanco y rojo.
Con nuestros poppers,
divers, tucan fly y estrímers solo obteníamos tarariras chicas cerca de la
superficie mientras nuestro amigo sacaba las grandes en spinning. Seguramente no
llegábamos a la profundidad donde estaban los ejemplares mayores.
Intercambiando ideas con
Sumo, decidí probar con el shootting de hundimiento IV que yo había llevado por
casualidad y que uso para la pesca de Dorados. Es una línea que nunca habíamos
usado con las tarariras, por lo que la única que viajó ese día fue la mía. Fui
probando distintas moscas sin éxito, fundamentalmente estrímers comunes, hasta
que encontré una que me dio resultado.
Las primeras capturas de
tarariras grandes con mosca ese día las obtuve con un Tucan Fly, la línea de
hundimiento antes mencionada y un líder muy corto.
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Sumo tuvo el mismo éxito
con ese mismo equipo y con sus divers de pelo de ciervo.
Esta combinación
aparentemente incoherente de moscas de superficie con línea pesada de
hundimiento fue la que provocó todos los ataques de tarariras grandes.
Evidentemente que para provocar los piques era necesario presentar a buena
profundidad patterns voluminosos que crearan bastante turbulencia bajo la
superficie. El mismo resultado hubieran dado estrímers con cabeza grande como la
Andino Deceiver. Asimismo pienso que el movimiento de estas moscas que tienden a
flotar cuando se detienen entre tirón y tirón, y descienden con cada uno de
ellos acompañando la trayectoria de la línea, puede haber sido irresistible para
estas cazadoras.
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La pelea que dieron estas
tarariras de 3 kg. pescadas con equipo de mosca en aguas de buena profundidad y
libres de vegetación que favorezca enganches, merece un relato. Una vez que la
mosca se detiene bajo el agua y clavamos, la caña se arquea al máximo, la línea
queda firme en el fondo, tenemos la certeza de haber enganchado un pez
importante y la adrenalina comienza a correr. Cuando intentamos arrimarla, nos
damos cuenta que no es fácil y que muchas veces debemos darle línea porque con
cualquier intento de traerla a prepo podemos partir la caña. No debemos olvidar
que usamos tippet de 0,35 mm.
Después viene el
espectáculo de los saltos cuando está más cerca de la superficie, y nos quedamos
admirados por su bravura y tamaño. Finalmente nos sentimos felices cuando luego
de una foto la soltamos intacta nuevamente en el agua.
Una semana después
A los siete días volvimos
a ese paraíso y comprobamos que lo de la semana anterior no fue casualidad.
También comprobamos que la pesca de esas tarariras no es tan sencilla y tiene
sus variables. Tras intentar con las líneas de fondo durante un buen rato y
habiéndose concretado solamente la captura de una tarucha de las buenas (3 kg.)
por parte de Fausto, unas cuantas más chicas y algunos bagres tanto con mosca
como en spinning, por un momento nos sentimos frustrados.
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Walter y su hijo de 12
años, que pescaban en spinning, dejaron el lugar que la semana anterior nos
había encantado y en una zona más baja con camalotes encontraron las tarariras,
esta vez mucho más cerca de la superficie. Su recompensa fueron 3 ó 4 ejemplares
de 3 kg y más, en solamente 15 minutos de pesca.
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Solo llegamos a cambiar
los shoottings por líneas de flote mientras observábamos grandes rebollos de
tarariras cazando cerca de la superficie, cuando tuvimos que abandonar corriendo
el lugar.
La
tormenta que observamos en el horizonte llegó más rápidamente de lo que
calculamos.
Lo que vino después es más
propio de una aventura con obstáculos tipo Camel Trophy que de una salida de
pesca. Los caminos, que son de una especie de limo muy fino, se convirtieron en
una pista de patinaje al recibir unas pocas gotas de lluvia. Si bien el auto no
se enterró, las ruedas delanteras giraban patinando en el mismo lugar y solo fue
posible salir a la ruta empujando al vehículo a pie dentro del barro por más de
dos kilómetros.
Sin duda que tuvimos la
suerte de haber encontrado un sitio con una pesca espectacular gracias a los
baqueanos de la zona y de haber compartido unas jornadas con viejos y nuevos
amigos que nos visitaron por primera vez. Con Fausto y Sumo comentábamos que la
cantidad y porte de las tarariras que pescamos nos hicieron recordar lo que
ocurría en el lago de India Muerta hace 4 ó 5 años atrás. A todos se nos renovó
el entusiasmo para continuar trabajando más esforzadamente en el proyecto y
seguir recuperando la calidad de pesca que nos maravilló tiempo atrás.
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Texto:
Gino de León
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