R. O. del Uruguay-Departamento de Rocha

EXPLOSIONES NOCTURNAS

  

        

 

La Semana Santa, de Turismo, o Criolla, así llamada dependiendo del gusto o creencia de cada uno, tiene un gran arraigo popular en el Uruguay, lo que la convierte en el período del año en que más personas toman parte de sus vacaciones anuales.

En esta semana se mezclan celebraciones cristianas, eventos de costumbres camperas y el turismo. Dentro de este último lo más tradicional es ir al campo a pescar o cazar.

 La mayoría de los establecimientos agropecuarios del país entero se llenan de invitados y acampantes preferentemente a la vera de alguno de los innumerables cursos de agua que cruzan las praderas uruguayas.

Gran parte de mi extensa familia por vía materna decidió juntarse en el casco de la vieja estancia de mi abuelo, el que ahora pertenece a una tía. A ciento y pocos metros de la casa pasa el arroyo Sarandí de los Amarales, uno de los tantos que vertían sus aguas en los increíbles bañados de india Muerta, hoy disminuidos a su mínima expresión por causa de la represa del mismo nombre, construida unas décadas atrás para el riego de una extensa cuenca arrocera.

En ese arroyo saqué la primer Tararira de mi vida con un aparejo de mano fabricado con una piola verde cuando apenas tendría 4 o 5 años y mi padre me tuvo que agarrar para que el bicho no me tirara de cabeza al agua.

 A finales de los años setenta siendo ya un adolescente, en este mismo lugar prendí mi primer tarucha con un artificial, un Oreno casero pintado de gris.

Esta vez, mientras caminaba rumbo al arroyo pensaba que no sería mi primer Tararira con una modalidad nueva, pero sí sería la primera vez que alguien pescaría con mosca en este curso de agua.

Hacía 10 años que no veía al Sarandí de los Amarales. Ya me habían dicho que estaba muy cambiado, que por causa de unas arroceras su nivel de agua era mucho menor al de antaño, pero comprobé que no perdió esa hermosura virginal que tienen la mayoría de los arroyos uruguayos.

 

 
 

 
     
 

A las armas

 

Estuve toda la tarde casteando con un equipo #7 metido en pequeños recovecos del monte o los pajonales y recorriendo viejos lugares donde en otros tiempos había tenido excelentes capturas.

 A la tardecita clavé la primera Tararira pescada con mosca en este arroyo, comprobando lo que ya presumía, que en esta parte del curso solo quedaban pequeños ejemplares por causa del poco caudal.

Los días siguientes sustituí el pesado equipo para Tarariras por uno número #4 más apropiado para divertirme con la fauna del lugar. Los dientudos eran los principales actores con las moscas, pero para los que intentaban con carnada los Bagres acaparaban todos los anzuelos.

A mitad de semana llegó un tío que conocía todas las vueltas del arroyo y las pasadas por los bañados para llegar a unos pesqueros apartados. Aguas abajo de donde estábamos, el Sarandí de los Amarales recibe aportes de arroyitos y cañadas, por lo tanto habría un mejor caudal y dada la dificultad de acceso, seguramente habría buena pesca.

Mi hermana, la jineta de la familia, fue a caballo y todos los demás nos metimos en la camioneta 4X4 de mí tío. El equino era la herramienta para investigar los posibles pasos por el bañado. Dijo no a dos de las lagunetas del arroyo porque se enterró hasta la panza, pero la tercera fue la vencida y logramos llegar a una laguna.

 

 
 

 
     
 

El número de pescadores y mirones era demasiado para el poco espacio disponible, por lo cual debí descartar mi equipo de fly y optar por el de spinning.

Empezamos a pescar a media tarde y en el primer tiro con un señuelo de flote tuve un pique casi a mis pies, era una pequeña Tararira como la que había sacado el primer día.

Los demás pescaban a flote con carnada y sacaban un Bagre tras otro, todos grandes rondando el kilo y medio, pero las Tarariras no aparecían. Aparentemente la que había sacado al llegar era la única activa del lugar.

El ensanchamiento del arroyo era grande y me costaba llegar a la otra orilla con los lances. Probé todo tipo de señuelos, de flote, media agua y también cucharas giratorias trabajadas a distintas profundidades con las cuales tuve algún ataque más.

La tarde se marchaba y yo seguía insistiendo con mis señuelos a pesar de las cargadas de todos, que a esa altura ya estaban aburridos de tanto sacar pescados. Habían aparecido algunas Taruchas tentadas por los filetes de Dientudo, incluso una muy buena cercana a los 3 kilos pinchada por mi sobrina Agustina, la más chica del grupo.

 

Primer batalla

 

Recordé que había luna llena y era la hora en que debía empezar a asomarse por el horizonte. Los peces depredadores aprovechan muy bien las medias luces de la puesta del sol porque están en clara supremacía sobre sus presas y si hay luna llena ese período se prolonga. Decidí poner un Sputter del amigo Barajuan. Este tipo de señuelos de superficie tiene claras ventajas en la noche, porque con solo recoger de forma lenta pero continua, la hélice hace su trabajo mientras nuestra línea se mantiene tensa y podemos sentir perfectamente los ataques.

Cayó el señuelo junto a los pajonales de la otra orilla. Todavía había suficiente luz para ver bien, comencé a traerlo y cuando estoy por la mitad del recorrido una estupenda Tararira con un salto perfecto saca todo el cuerpo fuera del agua para intentar tomar el Sputter desde arriba. No le acierta y dejo muy quieto el señuelo, me aguanto todo lo que me permite la ansiedad... se que ella está allí, esperando que ese trozo de palo vuelva a cobrar vida y así es... al menor movimiento lo toma violentamente.

 

 

La lucha fue muy buena, no parecía que la menor temperatura del agua de esta época las estuviera afectando. Me saco una foto con mi rival y la devuelvo sana y salva a su medio líquido.

Ya no veía claramente y en cada tiro tenía un ataque, solo sentía las explosiones producidas por las furiosas embestidas de estos increíbles peces. Hay que tener nervios de acero para no clavar, debemos esperar a que realmente el artificial sea tomado y sentir la tensión en la caña, contar hasta cinco y ahí si clavar.

El equipo es también importante en estas situaciones. Yo estaba usando una caña de seis pies y medio (1,96 mts.), apta para lanzar señuelos de un cuarto a cinco octavos de onza (7 a 18 gs.), para líneas de seis a quince libras (2,5 a 7 kg.). La acción de esta caña es de las llamadas medium heavy (media pesada) lo que le otorga una dureza y potencia adecuada para lograr una buena clavada. El reel era un frontal pequeño cargado con 100 mts. de nylon 0,28 de buena calidad.

 

La siguiente Tararira la prendí ya sin luz alguna, era un ejemplar mejor que el anterior. Escuchar el estruendo de los saltos y sentir el poder de estos animalitos con equipos tan livianos sin poder ver nada, es realmente un placer de los dioses. Es en estas situaciones donde ponemos a prueba todos nuestros conocimientos y experiencia para lograr llevar a tierra el pez.

Los ataques se siguieron sucediendo continuamente durante la siguiente media hora logrando clavar una cuantas más, siendo la última el premio mayor, una estupenda y explosiva taruchita de más de dos kilos.

 

Los gritos de las mujeres y niños famélicos de hambre lograron que diera por terminada la pesca en lo mejor de la misma, a esa altura ya en solitario.

Cuando volvíamos con mi tío íbamos preparando la pesca del día siguiente mientras comenzaba a llover muy suave, dando la impresión que nos arruinaría los planes.

 

La revancha

 

Llovió sin parar todo el día, lo que resultó en una excelente jornada en familia, reunidos para jugar cartas, cantar al compás de una guitarra, o simplemente mentir sobre la pesca del día anterior.

A las veinte horas se detuvo la lluvia y vimos asomar algunas estrellas. A las veintiuna horas estábamos en el mismo lugar del día anterior a pesar de los retos y amenazas de las mujeres. Solo fuimos tres, mi tío Tabo, mi sobrino Mauricio y yo con la idea de pescar solo con artificiales.

Esta vez decidí empezar con un Jitter articulado. Este señuelo también permite hacer el mismo tipo de trabajo que el Sputter que usé el día anterior.

Las respuestas no se hicieron esperar.

 

 

 Casi de inmediato clavé una Tararira y le di la caña a mi sobrino para que la sacara porque nunca había pescado y la noche no era el momento adecuado para enseñarle.

Los piques se sucedieron uno tras otro igual que el día anterior y la mayoría se dieron en superficie lo que para algunos es algo insólito a mediados de Abril y más aún si tenemos en cuenta que era de noche, había luna llena y recién había terminado de llover.

 

 

 

Muchos pescadores tienen preconceptos con las temporadas de pesca poniendo fechas límites en la actividad de los peces, pero en climas como el nuestro esto es muy caprichoso y lo que importa es la temperatura del agua que no es la misma que la temperatura ambiente. También es común escuchar que la luna llena indica un período de baja actividad de la ictiofauna y esto es una verdad a medias, solo es una de las muchas variables que entran en juego. Para los peces predadores es un período de bonanza ya que les permite cazar durante toda la noche con cierta ventaja sobre sus presas y sobre todo en superficie ya que la silueta de sus posibles capturas se contrasta con la superficie iluminada.

No recuerdo cuantas Taruchas pescamos en total pero fueron bastantes, todas de tamaño parecido.

Igual que la noche anterior la mejor fue la última, la pinchó mi tío con una cuchara giratoria y fue la única que no se sacó con un señuelo de superficie.
 

Como por arte de magia, luego de esta captura se cortó el pique y no se porqué. Esto es lo lindo de la pesca porque siempre hay alguna nueva interrogante para el pescador estudioso.

 

 

 

Si algún día tienen la oportunidad de pescar Tarariras de noche con señuelos o moscas de superficie, no la desaprovechen, es una experiencia verdaderamente explosiva.

 

 
Texto y Fotos: Fernando "Sumo" Vicente                  E-Mail:
  

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