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Paseos
propios
de
lugares
exóticos
En
medio
del
paisaje
serrano,
el
camino
que
une
las
rutas
9
y
10
atraviesa
la
Cuchilla
de
Arbolito.
Por
ruta
9,
puede
entrarse
a
la
altura
del
mojón
221.
Cerca
de
la
torre
de
microondas,
se
llega
a
una
altura
tal,
que
permite
la
visibilidad
de
un
extenso
panorama
de
la
costa
oceánica,
incluyendo
las
dunas
de
Cabo
Polonio.
El
estratégico
lugar
fue
utilizado
por
los
españoles,
en
1797,
para
instalar
la
guardia
militar
Don
Carlos,
cuyos
restos
abandonados
pueden
aún
apreciarse.
La
ruta
109,
una
de
las
más
antiguas
vías
de
acceso
a
Rocha
y
favorita
de
las
diligencias
y
correos
a
caballo,
atraviesa
una
de
las
zonas
más
altas
del
país.
Esta
y
sus
caminos
vecinales
que,
a
pesar
de
no
ser
pavimentados
son
perfectamente
transitables,
descubren
paisajes
serranos
espléndidos,
en
los
que
sólo
las
aves
alteran
el
silencio.
La
inusitada
belleza
de
las
Sierras
de
Rocha,
con
sus
cerros
agrestes
de
laderas
pedregosas,
profundas
quebradas
y
valles
surcados
por
pequeños
arroyos,
con
abundante
flora
indígena
y
variada
fauna
silvestre,
es
injustamente
poco
explorada
por
el
turista.
Salpican
la
vegetación
del
rocoso
suelo,
nostálgicas
taperas
de
piedra
que
permiten
imaginar
la
vida
de
hace
dos
siglos.
Entre
ellas
está
un
antiguo
molino
bien
conservado,
"La
Tahona",
manifestación
perfecta
de
la
arquitectura
y
economía
de
la
época
colonial,
que
es
posible
visitar,
con
la
debida
autorización
de
sus
actuales
propietarios.
*
Conocida
como
"ruta
de
las
99
curvas",
la
ruta
15,
discurre
en
medio
de
panorámicos
paisajes
serranos
de
particular
belleza,
entre
curvas
que
pueden
llegar
a
los
180°.
Entre
los
poblados
de
Parallé
y
Velázquez,
pasa
por
el
lugar
donde
se
libraron
las
dos
batallas
de
India
Muerta,
donde
Fructuoso
Rivera,
caudillo
colorado
y
primer
presidente
uruguayo,
fue
derrotado
en
dos
oportunidades:
1816,
por
la
vanguardia
del
ejército
portugués,
y
en
1845,
por
el
rosista
Gral.
Justo
José
de
Urquiza,
en
plena
Guerra
Grande.
Recuerda
estos
hechos,
una
placa
semioculta
por
los
eucaliptos
que
bordean
la
carretera
en
ese
tramo.
En
esa
zona
de
abundancia
de
ñandúes,
también
pueden
apreciarse
corrales
o
"
mangueras"
de
piedra
utilizados
para
encerrar
el
ganado,
a
modo
de
alambrado,
en
la
época
colonial.
Similares
formaciones
pueden
encontrarse
en
India
Muerta,
Alférez
y
Garzón
arriba.
Pasando
Velázquez
y
sobre
el
km
98,
está
la
entrada
a
la
Represa
de
India
Muerta,
que
tiene
el
camino
señalizado
por
cartelería.
En
el
embalse,
lugar
tranquilo
y
paradisíaco
donde
la
vista
se
pierde
en
el
espejo
de
agua,
además
de
la
observación
de
gran
diversidad
de
avifauna
entre
la
que
se
destacan
las
garzas,
el
visitante
puede
realizar
múltiples
actividades.
Está
permitido
practicar
deportes
náuticos
preferentemente
sin
motor
ni
agresión
al
ambiente,
y
la
pesca
con
caña
y
reel.
En
la
zona,
hay
establecimientos
agroturísticos
y
arroceras
que,
además
de
proporcionar
variados
servicios
al
visitante,
le
permiten
conocer
el
proceso
de
la
producción
de
arroz.*
La
ruta
16
-
que
junto
a
la
14
es
habitualmente
llamada
"camino
del
indio",
pues
se
asoció
el
palmar
al
pasaje
de
los
indios
-,
alcanza
su
mayor
sugestión
hacia
el
norte
de
Castillos,
donde
la
presencia
del
palmar
es
mayor.
Muy
cercano
a
la
ciudad
-
4
Km
-,
está
el
cerro
Rocha
o
de
Navarro,
donde
se
encuentran
la
Cueva
del
Tigre
y
los
restos
del
"cerco
de
piedra",
el
cual,
supuestamente,
fue
el
primer
potrero
de
la
región.
Ubicado
en
la
falda
meridional
del
cerro,
el
corral
abarca
180
hectáreas
y,
con
un
extremo
en
la
cumbre
y
otro
en
la
base,
forma
una
elipse.
Aunque
todavía
es
posible
apreciar
la
magnitud
de
la
obra,
no
conserva
ningún
tramo
con
la
altura
original
estimada
en
1,50
m,
pues
gran
parte
de
las
piedras
de
sus
paredes
fueron
utilizadas
para
el
arreglo
de
caminos
y
cimiento
de
construcciones
vecinas.
Se
presume
que
el
murallón
fue
levantado
por
españoles
y
tapes,
con
piedras
arrancadas
al
propio
cerro.
Sobre
el
kilómetro
22,
está
el
cerro
de
la
Lechiguana,
en
el
que
se
conservan
varios
corrales
de
piedras
y
de
palma.
Poco
más
adelante,
como
en
una
postal
exótica,
surgen
espléndidas,
centenarias
palmeras,
agrupadas
por
miles,
en
una
de
las
máximas
expresiones
de
los
palmares
de
Castillos,
con
la
Laguna
Negra
al
fondo.
Cerca
del
kilómetro
32,
al
borde
de
la
carretera
y
con
el
marco
de
la
sierra
de
La
Blanqueada,
impacta
a
la
vista
un
corral
de
piedra
y
palma.
Puede
apreciarse
en
detalle
la
forma
en
que
las
piedras
se
colocaban
rellenando
los
espacios
entre
palmera
y
palmera.
Poco
después
del
cruce
de
rutas
16
y
14,
doblando
hacia
el
noreste
por
la
14,
es
visible
el
más
grande
de
los
corrales
de
palmas
de
la
región,
definido
como
"mayor
monumento
de
la
ganadería
rochense".
Se
estima
que
pudo
albergar
a
40.000
reses.
Hace
pocos
años
se
contaron
785
palmeras
en
pie,
de
las
900
que
lo
formaron
originalmente,
ubicadas
tan
juntas
unas
de
otras,
que
los
animales
no
podrían
sacar
la
cabeza
fuera
del
corral.
A
siete
kilómetros
del
cruce
de
las
rutas
16
y
14,
se
llega
al
puente
que
atraviesa
el
espectacular
bañado
de
los
indios,
reserva
de
flora
y
fauna
de
enorme
importancia.
El
lugar
es
apto
para
la
observación,
pues
es
asombrosa
la
cantidad
y
variedad
de
aves
y
mamíferos
que
allí
conviven:
cisnes
de
cuello
negro,
amenazados
gansos
blancos,
chajás,
espátulas
rosadas,
patos
de
diversas
especies
y
colores,
gaviotas,
teros,
teros
reales,
cuervillos,
garzas
de
variados
tamaños
y
colores,
cigüeñas,
y
muchas
más.
Es
posible
ver
nutrias
y
carpinchos
o
aves
rapaces,
entre
otros.*
En
territorio
rochense,
la
ruta
19
une
Chuy
con
la
Picada
de
Techera.
El
más
conocido
es
su
primer
tramo,
pues
es
el
utilizado
para
acceder
al
Fortín
de
San
Miguel,
al
cerro
Picudo
y
al
Área
Protegida
de
los
bañados
de
San
Miguel.
Hacia
el
norte
de
San
Luis
al
Medio,
atraviesa
los
menos
visitados,
pero
igualmente
interesantes,
palmares
de
San
Luis.
Allí
se
alternan
bañados
y
arroceras
con
pequeñas
construcciones
de
paja,
típicas
de
la
región.
Presenta
algunas
características
como
los
"tacuruses"
-
termiteros
que
afloran
como
pequeños
montículos
en
los
campos
-,
o
la
cría
del
cerdo
pampa
adaptado
al
bañado,
y
que
pueden
observarse
entre
la
increíble
variedad
de
especies
de
aves
que
habitan
el
lugar.
LAGUNAS
Las
cinco
lagunas
del
departamento:
Garzón,
Rocha,
Castillos,
Negra
y
Merín,
están
integradas
al
sistema
lacunar
del
océano
Atlántico
que
llega
hasta
Brasil.
Fueron
formadas
por
los
procesos
tectónicos
de
la
costa
y
la
acción
de
la
deriva
litoral.
A
su
vez,
las
corrientes
y
los
vientos,
generaron
barras
arenosas
que
les
interrumpe
la
comunicación
permanente
con
el
mar.
Todas
ellas
son
consideradas
Parque
Nacional
Lacustre
y
forman
parte
de
las
áreas
protegidas.
LAGUNA
DE
ROCHA
Esta
laguna,
es
de
una
increíble
belleza
escénica.
Se
la
puede
abordar,
transitando
los
8
kilómetros
que
la
separan
del
cruce
de
las
rutas
15
y
10.
Desde
allí,
otro
camino
permite
aproximarse
a
su
barra.
También
es
posible
acceder
por
la
costanera
de
La
Paloma.
La
laguna
ocupa
unas
7.200
hectáreas
de
espejo
de
agua
y
7.000
de
área
circundante.
Su
profundidad
media
es
de
0,58
m,
característica
que,
junto
a
la
mezcla
de
aguas
marinas
y
continentales,
la
convierten
en
un
lugar
único
para
la
vida
de
numerosas
especies
de
flora
y
fauna.
Se
comunica
con
el
mar
a
través
de
una
barra
arenosa
que
se
abre
periódicamente,
momento
en
que
entran
o
salen
especies
que
desovan
en
las
aguas
lagunares.
Esta
característica
le
confiere,
además
de
su
particular
encanto,
una
gran
fragilidad.
Sus
recursos
son
explotados
desde
hace
50
años,
por
una
comunidad
de
pescadores
artesanales
asentada
en
sus
costas,
cuya
economía
depende
exclusivamente
de
ello.
El
mayor
atractivo
se
lo
da
la
diversidad
de
su
fauna:
más
de
220
especies
de
aves
viven
en
ella
y
sus
alrededores.
Es
uno
de
los
pocos
lugares
del
país
donde
habita
el
flamenco;
su
población
de
cisne
de
cuello
negro
es
una
de
las
mayores
del
mundo
y
es
hogar
y
refugio
de
aves
amenazadas,
como
el
ganso
blanco.
Cuenta
con
rayadores,
gaviotas,
gaviotines
y
numerosas
migratorias
que
allí
descansan
y
se
alimentan:
chorlos
de
varias
especies,
golondrinas,
patos
y
aves
rapaces.
Esta
reserva
cuenta
con
cartelería
y
con
un
refugio
para
el
avistamiento
de
aves,
perteneciente
a
PROBIDES,
desde
el
que
puede
apreciarse
la
impresionante
diversidad
de
avifauna.
Los
horarios
más
recomendables
para
el
disfrute
de
esta
actividad
son
el
amanecer
y
el
atardecer.
LAGUNA
DE
CASTILLOS
En
la
laguna
de
Castillos,
se
prohíbe
navegar,
cazar
y
acampar.
Sin
embargo,
es
posible
disfrutar
y
apreciar
su
belleza
haciendo
uso
de
los
servicios
ofrecidos
en
las
estancias
linderas,
o
recorriendo
los
alrededores
para
deleitarse
con
las
paradisíacas
postales
naturales
que
presenta.
Por
ejemplo,
por
la
ruta
9,
a
la
altura
del
kilómetro
246,
una
mirada
a
la
derecha,
nos
da
una
panorámica
de
la
laguna,
con
el
océano
como
fondo.
Apenas
antes
que
la
ruta
cruce
el
arroyo
Sarandí
del
Consejo,
en
el
kilómetro
251,
sale
un
camino
hacia
la
izquierda
que,
a
6
o
7
kilómetros,
nos
deposita
en
la
cima
del
Cerro
Agapito.
A
nuestras
espaldas
avizoramos
la
Laguna,
mientras,
al
norte,
se
extiende
la
Cuchilla
de
la
Carbonera,
espectáculos
absolutamente
deleitables.
Un
poco
más
adelante,
por
el
kilómetro
256,
a
la
izquierda,
se
aprecia
un
denso
Ceibal,
de
gran
belleza
en
verano
cuando
se
cubre
de
flores.
Por
el
257,
se
ve
una
de
las
varias
mangueras
de
palmas
de
la
región.
Y
las
variantes
son
infinitas;
con
imaginación
y
buena
disposición,
cada
punto
de
la
ruta
va
mostrando
perspectivas
inigualables.
Otra
posibilidad
de
apreciar
una
parcialidad
de
la
laguna,
la
da
la
visita
guiada
al
monte
de
ombúes,
al
que
se
accede
por
el
arroyo
Valizas,
sobre
la
ruta
10,
tanto
en
su
parte
estatal
como
en
la
de
privados.
LAGUNA
NEGRA
La
laguna
Negra
o
De
Los
Difuntos,
con
su
espejo
de
agua
de
17.500
hectáreas,
es
una
gran
reserva
de
agua
dulce
del
mundo
que,
además,
tiene
un
altísimo
grado
de
pureza.
Su
lecho
está
compuesto
por
una
turba
tan
fragmentada,
que
sus
partículas
en
suspensión
resultan
casi
imperceptibles
y
difíciles
de
filtrar.
Esa
característica,
que
obstaculiza
la
refracción
de
la
luz,
da
a
sus
aguas
la
coloración
oscura
que
la
nomina,
y
es
distintiva
de
esta
laguna.
Durante
varios
milenios,
drenó
hacia
la
Laguna
Merín
a
través
del
arroyo
San
Miguel.
La
mano
del
hombre
cambió
su
rumbo
y
hoy,
su
riquísima
agua
dulce,
junto
con
la
de
los
bañados
aledaños,
es
volcada
al
océano
Atlántico
a
través
de
conexiones
indirectas
al
Canal
Andreoni,
que
desagota
en
La
Coronilla.
Su
profundidad
alcanza
cinco
metros
como
máximo.
Cuenta
con
paradisíacas
playas
de
finas
y
blancas
arenas.
Está
rodeada
por
una
extensa
franja
que
alterna
bañados,
monte
de
albardón,
pradera
y
sierra
rocosa
con
monte
nativo.
POTRERILLO:
UNA
VISITA
INOLVIDABLE
El
Potrerillo
de
Santa
Teresa
integra
el
Área
Protegida
de
la
Laguna
Negra
y
sólo
puede
ser
visitado
con
la
conducción
de
un
guía,
a
través
de
los
senderos
acondicionados
a
tales
efectos.
Ubicado
en
la
margen
nordeste
de
la
laguna,
en
sus
715
hectáreas
destacan
cuatro
ambientes:
bañado,
monte
indígena,
pradera
y
costa
arenosa.
Posee
además,
el
invalorable
patrimonio
arqueológico
que
significan
los
"Cerritos
de
Indios",
construcciones
de
más
de
3.000
años
de
antigüedad.
Para
llegar
hasta
allí,
hay
que
tomar
el
camino
que
parte
hacia
la
laguna,
desde
el
kilómetro
302
de
la
ruta
9,
frente
al
parque
de
Santa
Teresa.
Ya
en
la
laguna,
una
embarcación
conduce
al
visitante
durante
40
minutos
de
travesía,
hasta
el
muelle
del
Potrerillo,
en
una
zona
de
playa
acondicionada
para
el
turista.
El
paseo
continúa
con
una
caminata
de
un
kilómetro,
a
través
de
un
monte
indígena
excepcional
por
su
variedad
de
especies,
donde
el
guía
especializado
evacua
consultas.
Al
llegar
a
la
casa
de
piedra
rodeada
de
ombúes,
se
recibe
información
sobre
el
área,
sus
objetivos
y
la
importancia
de
conservar
la
diversidad
biológica.
Hay
también
un
puesto
de
ventas
de
artesanías
típicas
de
la
región.
Desde
allí
parten
nuevos
senderos
de
interpretación,
que
se
internan
en
zonas
de
bañados,
para
el
reconocimiento
de
numerosas
aves:
espátulas
rosadas,
patos,
federales,
garzas,
cisnes
y
chajaes.
Es
posible
ver
al
Dragón,
pájaro
autóctono
muy
llamativo
por
sus
colores
amarillo
y
negro,
que
se
encuentra
amenazado
de
extinción.
Se
puede
también
observar
carpinchos,
nutrias
y
los
pequeños
ciervos
guazú-birá.
En
las
cuevas
de
las
barrancas
hay
vampiros.
El
predio
del
Potrerillo
es
propiedad
estatal
y
es
administrado
coordinadamente
por
PROBIDES
(programa
técnico)
y
la
DINAMA
(Dependencia
ministerial.
LA
QUEBRADA
DE
LOS
HIGUERONES
Los
higuerones
que,
contrariamente
a
lo
que
podría
suponerse,
no
son
higueras
grandes,
son
árboles
autóctonos
de
toda
la
América
subtropical.
Lo
sorprendente
de
los
que
aparecen
en
la
Laguna
Negra,
es
la
concentración
en
que
se
presentan
sus
gigantescos
ejemplares,
tomando
en
cuenta
que
nacen
como
planta
epífita.
Una
planta
epífita
no
es
parásita:
en
el
ciclo
reproductivo
de
estos
árboles,
los
frutos
son
comidos
por
los
pájaros
que
luego
defecan
sobre
otros
árboles
y
palmeras.
Las
semillas
que
encuentran
el
sustrato
y
la
humedad
necesarios,
germinan
sin
parasitar
al
anfitrión.
Las
raíces
de
la
joven
planta
crecen
y
bajan
a
lo
largo
del
tronco
hasta
llegar
al
suelo
donde,
tras
enraizar,
se
engrosan
y
se
unen
unas
con
otras
formando
el
tronco,
rodeando
al
que
fue
su
soporte.
Ya
en
el
suelo,
el
higuerón
no
estrangula
a
la
planta
soporte,
sino
que
compite
con
ella
por
el
agua,
los
nutrientes
y
la
luz.
Es
posible
apreciar
esta
maravilla
en
el
sendero
de
los
higuerones,
de
la
Colonia
Don
Bosco,
que
se
encuentra
sobre
la
ruta
16,
a
pocos
kilómetros
de
Castillos.
Allí
pueden
observarse
añosos
y
colosales
higuerones
integrados
al
monte
de
quebrada,
junto
a
enormes
helechos
y
grandes
ejemplares
de
aguay,
tembetarí,
chalchal,
aruera,
coronilla,
palmas
butiá
y
guayabo,
entre
otros.
¡Impresionante!
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