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Se pueden
construir con el anzuelo hacia arriba o hacia abajo; en todos los casos le
incorporamos un antienganche con trozos de líder de acero, o alambre muy fino.
También los lastramos con plomo en su parte inferior, de manera que el anzuelo
quede hacia arriba; esto también le agrega peso y mejora el lanzado.
Es deseable que
tengan el bisel hacia abajo, o un bajo perfil en su parte anterior que facilitan
el deslizamiento, y además carecer de paletas o hélices que frecuentemente se
enredan.
Como pintura
usamos siempre la de auto soluble en thinner que presenta un secado rápido, y
nos permite darle varias manos en un corto período de tiempo.
No es necesario que tengan una
terminación impecable, dado que como todos sabemos la tararira no es muy
selectiva a la hora de atacar.
Otros
aficionados de Rocha han diseñado otros señuelos que según me han comentado,
funcionan también muy bien.
Finalmente, los
comerciales que andan mejor son los ratones y ranas de goma de color negro; el
problema es que pueden durar un solo ataque como me sucedió en una oportunidad.
Falta en el mercado, un producto nacional con adecuado rendimiento, por lo que
invitamos al amigo Barajuan a que lo construya.
En cuanto a la
manera de trabajarlos, lo hacemos realizando tiros precisos, recogiendo
lentamente y con pequeños tirones. Lo mas frecuente es que detectemos al pez por
algún ataque fallido. Una vez ubicado éste, hay que hacer el tiro a lugar justo,
para presentarle a la tararira el señuelo de forma que le resulte fácil de
morder. Esto puede requerir varios intentos seguidos hasta que se produzca el
próximo ataque.
Así como la
pesca en aguas limpias tiene el atractivo de una pelea franca y de gran
combatividad, en aguas sucias requiere la capacidad y habilidad de hacer un buen
trabajo con el artificial y lograr una clavada certera.
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