R. O. del Uruguay-Departamento de Rocha

 

TARDE DE SABLES EN TIERRAS DE ARTIGAS

 

 
       

         Disfrutábamos con Esmeralda, mi esposa, de un atardecer increíble en la Balconada, una de las playas de La Paloma, “de onda” en temporada pero desierta en pleno marzo.  Si bien tomábamos sol, no era esa la razón de nuestra presencia allí...  O al menos no era la mía.

         La ciudad de La Paloma se encuentra en el Departamento de Rocha, una de las divisiones políticas que posee Uruguay.  Se encuentra a unos 30 kms de la ciudad de Rocha, capital del departamento; y a unos 240 kms de Montevideo, capital del país.  Para la mayoría de los mortales es una ciudad costera cuyo atractivo principal es la belleza de sus playas y las posibilidades de pasar unas descansadas vacaciones.  Como dije, para mi era algo más que eso...

         Habíamos combinado encontrarnos en La Paloma con los amigos Fernando Vicente, “Sumo” para todos, y Gino De León, creadores de la genial página de internet www.tarariraventura.com, y guías de pesca de grandes tarariras de la zona. Yo me encontraba cansado ya de la pesca gastronómica de pejerreyes en el muelle de Punta del Este con lengue lengue de anzuelos dorados y quería probar una pesca distinta.  Años atrás, con mi viejo, habíamos disfrutado en el puerto de esa ciudad de los sables con señuelos.

 

 

El pez sable es un cazador que se alimenta principalmente de pejerreyes y otras especies forrajeras, “majuga” según el término uruguayo para esos peces presa.  Su cuerpo es una larga serpentina extendida dorsoventralmente y ahusada en ángulo idéntico hacia la cola.  Es de color plateado espejo y no tiene escamas.  Su cabeza puntiaguda también, se adorna con dos grandes ojos y una boca proporcionada, sembrada de filosos dientes.  Tiene reminiscencias de varios peces, todos muy deportivos.Tiene rasgos de barracuda, chafalote, dientudo y otros cazadores del tipo. Es habitual pescar ejemplares de más de un metro, aunque cabe mencionar que debido a la forma del cuerpo, uno de un metro no pesa más de 1.5 kgs y la lucha que brinda es atractiva siempre que se utilicen equipos livianos (también ultralivianos).

 

 

Caza a la arremetida, su cuerpo fácilmente disimulable espera el paso del cardumen y se lanza como flecha, atacando al pez por su mitad, algunas veces llegando a partirlo en dos, para luego terminar de comerlo.  Sus ojos grandes delatan hábitos de caza nocturna.  Generalmente puede encontrarse en puertos y otro tipo de aguas quietas y profundas dónde haya alimento. La temporada de pesca está atada al calor, comenzando en primavera y terminando para mediados del otoño. 

         Habíamos dejado el relato en las reposeras tomando sol en una playa de La Paloma.  A media tarde apareció Sumo, seguido de Gino.  El look era el de un típico mosquero en la playa: andar incómodo y sombrero de ala.  Los saludos habituales precedieron una mateada típica acompañada de una charla amena, por supuesto con el tema excluyente: la pesca en todas sus formas.  Pobre esposa mía...  Sobre la puesta del sol, Gino, dio la voz de partida hacia el puerto, había llegado la hora señalada, la hora del duelo a sables y señuelos.

 

 
          El puerto de La Paloma fue originalmente un puerto pesquero pensado para una industria pujante, en crecimiento gracias a abultadas inversiones financiadas con arcas estatales.  Ahora es un puerto con pocas embarcaciones, algunas pescadoras, y todas muy herrumbradas, con serias amenazas de privatización y uso exclusivo...  La triste historia de nuestros pueblos latinoamericanos.  A pesar de esto, hoy mantiene la belleza de todos los puertos y pescar en él siempre guarda un atractivo especial, asociado a la llegada de barcos pesqueros y sus azarosas capturas, siempre fuente de curiosidad para nosotros: los pescadores. Llegamos al puerto cuando aún había luz y gracias a ello disfrutamos de la vista de una tortuga marina de dimensiones increíbles.  Tenía un diámetro de un metro y una cabeza que, inicialmente, nos hizo confundirla con un lobo marino.

 

 

         Generosamente nos regaló su compañía y pasó por debajo del muelle en el que estábamos, pudiendo observarla bien de cerca y maravillarnos de su añeja belleza.  Matear un rato con dos amigos y ser testigo de semejante maravilla de la naturaleza había justificado el viaje, pero todavía quedaba más.

         La tarde caía sin viento y comenzamos probando con señuelos de media agua que imitan pequeños peces, preferentemente alargados, del tipo sticks, y en colores claros.  Saltwater Thundersticks de Storm, Husky Jerks, Sliver y Countdown de Rapala, Fastrac de Rebel, Long A de Bomber, cucharas Toby y pescados de goma Mepps Aglia son los tipos de señuelos ideales.  La técnica consiste en lanzar cerca de barcos y recuperarlos rápidamente.  En el mar todo pasa más rápido que en el agua dulce y por tanto un señuelo desplazándose lentamente puede no resultar atractivo, en cambio uno que simula una huída frenética es generalmente blanco perfecto para un ataque.  Conviene probar distintas velocidades de recuperación y de acción del señuelo, recuperarlo a velocidad pareja, erráticamente, “stickeando”, con largos tirones seguidos de detenciones totales, etc.  La mejor pesca se hace a última hora de la tarde y durante toda la noche.  Los piques se dan, generalmente, en la zona de penumbra y en la mitad del recorrido del señuelo, cuando toma su mayor profundidad. En algunos casos es recomendable probar señuelos de profundidad, teniendo cuidando de no enganchar en los numerosos obstáculos que hay en los fondos portuarios.  Una clavada veloz es esencial porque con su boca densamente dentada, el sable tiene mucha sensibilidad y nota enseguida la dureza inesperada del engaño, escupiendo el señuelo.  Como agravante, la boca es mayormente ósea con pocos lugares dónde clavar un anzuelo.  La jornada de pesca no fue tan memorable por la cantidad de peces como por la exigencia de la pesca y el tiempo de amistad compartida.  Algunos sables nos permitieron posar para el “book” de fotos observando la feroz belleza de estos peces orientales.

 

           

           El pez sable brinda una pesca deportiva y divertida para los aficionados a señuelos y equipos livianos, una verdadera invitación que nos extiende Uruguay, para que, además de disfrutar de sus inmaculadas playas y la cordialidad de su gente, practiquemos nuestro hobby del engaño. Sumo y sus amigos siempre estarán esperándolos. Pesquen con inteligencia, hasta la próxima. 

Texto : Juan Pablo Gozio                      E-Mail: www.geocities.com/jgozio


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