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EL ABUELO, TARARIRAS ARGENTINAS
Introducción
Con Fernando Vicente tenemos una
amistad cibernética que ya va para 5 años. Recién hacia fines del año pasado
pudimos concretar el esperado encuentro “de carne y hueso” que se venía
demorando. Esto de haber nacido, pertenecer y vivir en países pobres tiene cosas
buenas y cosas malas, dentro de las buenas está el culto a la amistad y dentro
de las malas que a veces no tenemos ni para cruzar el charco. Bueno creo que me
fui por las ramas. Lo cierto es que Sumo quería una nota para su estupenda
página y lo que sigue trata de serlo y de merecer figurar en ella.
El dato
En la Argentina, los pescadores de todas las especies y todas las modalidades
tenemos por costumbre ir a pescar siguiendo datos de otros que fueron antes y
tuvieron buenas experiencias, a veces el dato se confirma y otras veces debemos
recurrir a nuestro baúl de excusas para justificar el fracaso. Pero “el dato” es
esencial, sin él difícilmente nos animamos a salir.
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En este caso en particular, el dato nos había llegado por distintos canales: el
propietario de mi flyshop favorito, amigos de la Asociación de mosqueros de
Buenos Aires (AMBA) y hasta alguna revista especializada mencionaban al lugar
como muy rendidor; en realidad esta laguna no era desconocida para mí como
tampoco para mis compañeros de viaje, la hemos visitado varias veces en los
últimos años y siempre fue sobresaliente. Sin embargo la presión de pesca y
quizás también algo de poca firmeza en sus propietarios para hacer respetar un
límite máximo de piezas por pescador hicieron que tanto los tamaños como la
cantidad ya no sean los mismos de otras épocas; eso lo sabíamos también de
antemano, pero… el dato tenía un secreto adicional y era que hay otras lagunas
muy cercanas y accesibles desde este campo que prácticamente son vírgenes y cuya
población de peces es muy importante.
Las lagunas vecinas
Hacia allí nos dirigimos entonces, ruta 5, la misma que transitamos tantas veces
para ir a la Patagonia, Km. 220,500, a unos 20 Km. pasando la localidad de
Bragado, se dobla hacia la izquierda y luego de unos 7 Km. de tierra (que se
convierten en intransitables cuando llueve) llegamos al establecimiento y fuimos
recibidos con la amabilidad de siempre por su propietario, el Sr. Esteban
Petegoli. Unos días antes habíamos hecho la reserva correspondiente y nos
informaron del buen estado del camino, ambas consultas son imprescindibles para
evitarnos sorpresas desagradables.
La laguna está distinta al año anterior, más baja, como toda la cuenca del río
Salado. Sin embargo tiene sectores con más de 4 metros de profundidad y agua
surgente que la mantiene en niveles aceptables. Hay un par de botes que reclaman
a gritos la jubilación pero que por la conformación de la laguna no representan
peligro alguno si es que necesitáramos usarlos. Esta vez no hizo falta
embarcarnos ya que nuestro objetivo era ir a las otras lagunas vecinas.
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Eran apenas las 8 de la mañana de un día bellísimo, casi sin nubes aunque un
poco ventoso. Luego de colocarnos los equipos (hay que ir con waders o al menos
un pantalón largo ya que hay abundancia de sanguijuelas) emprendimos el camino
hasta las lagunas cercanas. La primera de ellas está detrás de una elevación que
comienza en la costa contraria a la que se encuentra la vieja casa de la
estancia. Son unos 15 minutos de caminata si se vadea esta laguna. Si no se
conoce el lugar, Esteban o alguno de sus peones les indicará la forma más segura
de cruzarla sin necesidad de dar un amplio rodeo. Nos sorprendió la
transparencia del agua, y gracias a ello pudimos observar una gran cantidad de
forrajeros y alevinos de tarariras, tranquilidad para el futuro pero solo si se
hacen algunos ajustes respecto a lo que comentáramos antes, tiene que poner
reglas sobre la cantidad de ejemplares que permite llevar y fundamentalmente
hacerlas respetar.
La pesca
Estas lagunas son pequeñas, el Abuelo es la más grande y apenas tiene unas 40
hás. Aquí es fácil encontrar las tarariras, enseguida de llegar y luego de
observar el agua y detectar algunas nos pusimos a pescar. De los cuatro amigos
que hicimos esta excursión, dos lo hacían en la modalidad de spinning y dos con
equipos de mosca
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En pocos minutos los señuelos comenzaron a cobrar las primeras, mientras tanto
nosotros (los mosqueros) cambiábamos nuestras moscas sin resultado. El agua
estaba bastante fría aún y los poppers y otras moscas de superficie como ratones
de pelo de ciervo y ranas de foam no daban resultado. Cambiamos por streamers y
otras moscas que funcionan un poco más abajo y también nosotros empezamos a
obtener algunas respuestas, siempre en menor cantidad y con mayores
dificultades, pero fue nuestra elección pescar de esa manera y no nos quejamos.
Mientras tanto los modernos señuelos blandos combinados con cucharas y otros
métodos de emisión de vibraciones y movimiento, literalmente “nos pintaban la
cara”.
A medida que el sol calentaba el agua los piques se fueron sucediendo más cerca
de la superficie y las tarariras se excitaban más y más, eso mejoró nuestra
performance ya que al poder usar moscas de superficie evitábamos mayormente los
enganches en la molesta vegetación acuática. Como ya dije, los señuelos de
nuestros amigos seguían llevándose las palmas y mencionar que la proporción fue
de 5 ó 6 piques en spinning contra uno de mosca no es exagerada.
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Caminando y pescando llegamos a la segunda laguna, más pequeña y baja que la
anterior y allí fue una fiesta de piques, muchos ataques errados pero también
muchas capturadas. Moscas destrozadas, líderes de acero enrulados, mosquetones
abiertos, la pesca de tarariras en su máxima expresión. Había aún otras dos
lagunas para recorrer pero el intenso pique hizo que nos olvidáramos por
completo de ellas, quedarán seguramente para otra oportunidad.
Aproximadamente a las 14:00, totalmente sorprendidos por lo rápido que se nos
había pasado la hora, suspendimos la pesca para ir a almorzar el asado que
dejamos haciendo al peón de la estancia (servicio incluido en el precio de la
entrada). No podíamos estar más contentos, gran cantidad de capturas y la
mayoría de buenos tamaños. Particularmente yo pude obtener con un Dahlberg’s
diver de ciervo rojo y negro - casualmente una mosca que aprendí a hacer a
partir de un intercambio (swap) de moscas donde recibí una atada por Sumo - una
tararira que acusó en la escala del boga-grip 5 lbs. y una rayita, o sea unos
2,5 Kg.
Por la tarde y luego de un almuerzo memorable volvimos, no sin una gran fuerza
de voluntad, a recorrer el camino hasta las lagunas mencionadas. El calor se
hizo sentir y el agua tomó gran temperatura, ya no fue lo mismo a pesar de
volver a recorrer los mismos rendidores lugares de la mañana, pocas capturas,
viento más intenso; no importó demasiado, la pesca había sido hecha más
temprano.
Regresamos antes de la caída del sol y sin esperar el mejor horario pero
sabiendo que nos esperaban los famosos buñuelos de la señora de Esteban, nos
cambiamos y refrescamos, merendamos y emprendimos el camino de regreso.
La satisfacción se notaba en todos nosotros, seguramente regresaremos antes del
final del verano, antes que estas bravas tarariras se retiren a su bien merecido
descanso.
Texto : Héctor Gugliermo
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