Envuelta
en
su
halo
misterioso,
cada
palmo
de
Rocha
posibilita
el
acercamiento
al
pasado
milenario.
Sólo
hay
que
atreverse
a
observar
con
amor
y
respeto.
Los
"Cerritos
de
Indios"
aparecen
como
pequeños
montículos
del
terreno,
cuya
altura
oscila
entre
unos
decímetros
y
hasta
tres
metros,
que
resultan
muy
visibles
en
tierras
llanas.
Muchas
veces,
sobre
ellos
se
forman
reducidas
islas
de
árboles,
que
los
hacen
contrastar
aún
más
con
su
entorno
de
vegetación
no
arbórea.
Si
bien
muchas
de
estas
elevaciones
construidas
artificialmente
fueron
destruidas
-
ya
sea
por
la
anteposición
de
intereses
particulares
a
los
colectivos,
o
por
maniobras
inadecuadas
de
entusiastas
aficionados
-,
todavía
son
abundantes
en
Rocha,
fundamentalmente
en
los
bañados
de
India
Muerta,
San
Miguel,
Pelotas
y
Paso
Barrancas.
En
excavaciones
realizadas
en
un
"Cerrito"
cercano
al
pueblo
18
de
Julio,
se
encontraron
una
docena
de
esqueletos
que,
se
estima,
tengan
entre
2500
y
3000
años
de
antigüedad.
Junto
a
los
huesos
humanos,
había
restos
de
alimentos,
trozos
de
utensilios
cerámicos,
boleadoras,
dientes
de
lobo
de
mar
y
caracoles
de
río.
El
hallazgo
de
restos
humanos
asociados
a
los
montículos
señala
un
complejo
desarrollo
social
en
sus
comunidades
que,
se
supone,
permanecían
largos
períodos
de
tiempo
en
ciertos
sitios,
donde
hay
evidencias
de
horticultura,
invalidando
el
criterio
de
nomadismo
errante
para
con
nuestros
nativos,
impartido
hasta
hoy,
en
la
enseñanza.
SAN
MIGUEL:
FORTÍN
Y
ÁREA
PROTEGIDA
A
siete
kilómetros
de
Chuy,
por
la
ruta
19,
se
encuentra
otro
testimonio
de
la
historia
colonial,
en
el
departamento:
el
Fortín
de
San
Miguel.
Su
arquitectura
destaca
la
influencia
portuguesa.
Declarado
Monumento
Nacional
en
1937,
en
sus
espacios
recrea
ambientes
de
la
época
de
ocupación.
En
su
entorno
se
ubican
un
hermoso
parque,
el
cementerio
histórico
y
el
museo
Horacio
Arredondo,
que
muestra
un
típico
rancho
de
barro
y
paja,
una
diligencia
de
1816,
una
carreta
de
1880,
y
enseres
propios
de
la
vida
de
campo.
Difícilmente
un
visitante
pueda
sustraerse
al
hechizo
de
la
pulpería
que
se
reproduce
entre
los
gruesos
muros
del
Parador
de
San
Miguel,
ubicado
al
lado
del
Fuerte.
Refuerzan
el
cuadro,
las
serranías
rocosas,
entre
las
que
se
destaca
el
cerro
Picudo.
A
un
par
de
kilómetros,
está
la
entrada
del
Área
Protegida
Bañados
de
San
Miguel,
predio
de
864,5
hectáreas
que
albergan
ecosistemas
de
gran
biodiversidad
y
belleza,
y
sitios
de
patrimonio
arqueológico,
los
cuales
constituyen
una
riqueza
de
valor
inestimable.
El
visitante
cuenta
con
la
oferta
de
un
sendero
de
interpretación
autoguiado
que
se
interna
por
la
Sierra,
con
apreciación
de
flora
y
fauna.
PARQUE
DE
SANTA
TERESA
Al
Parque
se
puede
ingresar
por
su
entrada
principal
que
está
ubicada
a
la
altura
del
kilómetro
302
de
la
ruta
9,
lindero
a
la
histórica
Fortaleza
del
siglo
XVIII.
Brinda
una
variada
gama
de
servicios
para
satisfacer
fundamentalmente
a
quienes
eligen
las
modalidades
de
turismo
de
sol
y
playa,
de
naturaleza,
histórico
y
deportivo,
con
posibilidades
de
alojamiento
en
zona
de
campamento.
En
bosques
que
se
prolongan
hasta
la
costa
oceánica,
cuenta
con
3.000
hectáreas
pobladas
por
más
de
2:000.000
de
árboles,
exóticos
y
nativos.
A
través
de
senderos
de
interpretación
bien
delimitados,
aquellos
pueden
ser
visitados
con
guía,
para
mejor
aprovechamiento
del
paseo.
Un
sombráculo
y
un
invernáculo
completan
una
colección
vegetal
formidable
entre
la
que
se
destaca
la
magnífica
rosaleda,
única
en
el
país
por
la
clasificación
de
sus
más
de
300
variedades.
El
parque
tiene
una
piscina
seminatural,
conocida
como
"el
Chorro",
construida
en
base
a
un
pequeño
arroyo
y
a
los
accidentes
naturales
del
terreno.
Una
pajarera
de
grandes
dimensiones
completa
el
paisaje.
Un
sector
del
parque
está
cómodamente
acondicionado
para
campamento.
Sus
playas
son
espectaculares
y
los
pesqueros
excelentes.
Fortaleza
de
Santa
Teresa
En
el
"Corredor
de
la
Angostura",
antaño
muy
codiciado
por
españoles
y
portugueses,
la
Fortaleza
de
Santa
Teresa
tiene
su
entrada
en
el
kilómetro
306
de
la
ruta
9.
Testigo
y
protagonista
de
las
luchas
imperiales
de
las
potencias
europeas
primero,
de
la
gesta
artiguista
y
la
etapa
independentista
después,
se
conserva
en
perfecto
estado.
Además
de
su
estructura
que
habla
por
sí
de
esa
historia,
destaca
espacios
museísticos
en
los
que
circula
la
leyenda
de
la
célebre
maniobra
de
1825,
donde
300
orientales
al
mando
del
Gral.
Leonardo
Olivera,
sin
un
solo
disparo,
toman
la
fortaleza
a
los
portugueses.
Ruinas
de
paredes
y
un
monolito
recuerdan
la
quema
de
ranchos
donde
se
iniciara
"la
redota",
el
éxodo
del
pueblo
oriental
de
1811.
